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Lunes, 7 de agosto de 2006
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ÁLAVA
CHOQUE DE BANDAS
Seguir a la formación alemana Musikverein Trachtenkapelle Altburg por las calles céntricas es una oportunidad para sumergirse en un sugerente mestizaje musical
CHOQUE DE BANDAS
ATRIL HUMANO. ¿Para qué llevar un estorbo en el instrumento? Con un par de pinzas, se pega la partitura. / JON RODRÍGUEZ
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Multiculturalidad musical. Ésta sería la definición de lo que pudo escucharse ayer al mediodía por el recinto festivo por excelencia, la calle Dato y sus aledaños. Para vivir esta experiencia bastaba seguir a la banda de música alemana Musikverein Trachtenkapelle Altburg, dirigida por Peter Blazicek. Cuenta el músico con inocultable orgullo que es el Stadtmusikdirecktor (director musical de la ciudad) de Calw, la localidad natal de Hemann Hesse en la Selva Negra. Pues bien, a la una en punto del mediodía, la nutrida banda germánica arrancó de las proximidades de la estación del tren, a paso y sonido de marcha. Y, claro está, enseguida se encontraron en la plaza del Arca.

Pero aquí la banda de la Ertzaintza ofrecía su concierto. Blazicek, sin dudarlo, calló a los suyos y los formó para que escucharan a los músicos locales. Lo hicieron con atención y, en el momento de los aplausos, los dos directores se saludan de lejos. Entonces, el alemán hace sonar a su propia banda que es oída con cuidado por los músicos de la Policía autonómica. De nuevo reparto de aplausos y a seguir con el desfile.

Pero, de inmediato, una nueva interrupción. Los músicos alemanes chocan con los moros y cristianos. No importa, se callan y sonríen. Esperan a que pasen los de la cruz y como los de la media luna vienen muy por detrás y muy despacio, aprovechan para pasar. Vale, nueva marcha y andando.

Al llegar a la calle Postas deciden pararse, formar y tocar valses. Muy bonito, pero molestada la audición por los ritmos de los incansables mozos de la txalaparta que están al principio de Dato sudando verdaderamente su leñoso instrumento.

Con los blusas

Deciden los de la Selva Negra, muchos de ellos enfundados en los famosos pantalones bávaros de cuero, dirigirse hacia la plaza de los Fueros. Es evidente que pasan calor con esas ropas: algunos trompetistas tenían añadido a su aparato de soplar un pequeño ventilador a pilas. Pero su uniforme también les ofrece ventajas. Con la correspondiente pinza, una espabilada clarinetista sujetaba sus partituras al chaleco del tamborilero que le precedía en la formación.

Parados en la plaza, los teutones desgranan sus vales. Y llegan dos músicos blusas. No lo dudan. Se unen a los alemanes, que los aceptan con una sonrisa inmensa. El director Blazicek saca del bolsillo su cámara de vídeo y graba a los nuevos y espontáneos músicos de su grupo. Al final de la pieza se saludan efusivamente.

Mientras tanto, en la plaza de España comienza un espectáculo de flamenco del más auténtico a cargo del grupo sevillano de Isabel Galo: guitarra, percusión, cante, palmas y bailarinas. Al principio del espectáculo, la megafonía les proporcionó algunos problemas y, además, no había demasiado público. Pero muy rápidamente la gente llegó, la cosa se animó y todos se divirtieron. También había música andaluza en La Florida, con la Banda Municipal; antes había habido rock'n'roll divertido en la misma plaza porticada; al final del flamenco pasó por allí una banda de percusión al tradicional gusto brasileño; más las fanfarres. ¿Se puede pedir mayor diversidad musical?



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