¿Que sería de las fiestas sin los típicos globos de dibujos, los sombreros de paja, el tatuaje de pega o el martillo de juguete, un primor para los niños y terror de los padres?
Un año más, éstos y muchos otros atractivos se han adueñado de la calle Dato y sus aledaños, aportando colorido y entretenimiento a paseantes y curiosos. Y es que al final, resulta casi imposible resistirse a verse caricaturizado o a ataviarse con una camiseta con todo tipo de mensajes. Al fin y al cabo, ya se sabe: una vez al año, no hace daño.
Eso pensó ayer Amaia García, que no dudó en adornar su cabellera con una simpática trenza en la calle Postas. «Por cuatro euros, me da un toque simpático, ¿no?».
Por un módico precio, el madrileño Pedro Arévalo vende desde pañuelos, a gafas de ultimísima generación. «Llevo toda mi vida en esto, ya venía a Vitoria con mi padre y luego me iré a las fiestas de Huesca», detalla mientras desempolva el último grito en moda de sombreros. «El gorro de arlequín ha gustado mucho este año, sobre todo a los blusas», asegura con sonrisa pícara.
Pero si de globos se trata, las estrellas indiscutibles, cómo no, vuelven a ser los dibujos animados. «Bob Esponja, Nemo y Spiderman son los favoritos», recalca Carlos Augusto Machado. Por 4 euros, la felicidad de los más pequeños al alcance de la mano, que no hacen ascos ante unas arañas andarinas o de unos yoyós luminosos y esponjosos.
De abanicos y colonias
Y si de lucir un tatuaje temporal se trata, el dominicano Juan Díaz tiene la solución en su puesto situado a la entrada de la calle Dato. «Los soles, brazaletes y mariposas son los que más piden», destaca mientras da los últimos retoques a uno. Entre 3 y 10 euros es su precio, y su duración dos semanas, suficiente para dar el pego.
Pegado a él, el iraquí Ali Jabar afila sus lápices, dispuesto a retratar e inmortalizar en una simpática caricatura a todo aquel que se ponga en sus manos. «Lo hago en blanco y negro y utilizo un óleo, por lo que es más complicado, sobre todo los retratos, que cuestan entre 35 y 40 euros. Las caricaturas, unos diez», apunta.
Siguiendo el particular paseíllo calle arriba, la diversidad se amplía. Camisetas a 10 euros, collares de todo tipo y color por cinco, colonias de imitación por diez y el invitado estrella de los saraos, cuando el calor aprieta: los abanicos. «Los floreados en colores verdes, negros, naranja y azul marino triunfan, y a 4 euros», recalca la ecuatoriana Rocío Tabi.
Es el primer año que acude a las fiestas y, de momento, su balance no es malo del todo. «Depende del día, la gente se anima algo más», afirma. Lo peor, sin embargo, es tener que andar a salto de mata. «Andamos pendientes por si viene la Policía para recogerlo todo rápido», confiesa.
No es el caso de Carmen Gómez García, parapetada en su tenderete instalado en la confluencia con la calle San Prudencio. A su alrededor, varios pequeños observan embobados las pistolas de agua. «Les encantan, junto con las trompetas, y sólo a 3 euros», concluye como buena vendedora.