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política vasca
Jáuregui: «Batasuna debe aceptar la Ley de Partidos y las mismas reglas que los demás»
Cree posible buscar un pacto para construir «el 'nosotros' vasco» con el PNV de Imaz y pide al PSE que reivindique sus «señas de identidad»
Jáuregui: «Batasuna debe aceptar la Ley de Partidos y las mismas reglas que los demás»
RELAJADO. Jáuregui toma un café en un bar de Vitoria. / FOTOGRAFÍAS: NURIA GONZÁLEZ
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Ramón Jáuregui se dispone a huir de las fiestas de La Blanca para proseguir sus vacaciones, marcadas este verano para los políticos por el arranque del proceso de paz. En una semana en que Batasuna ha elevado el tono de su discurso, el ex líder del PSE modera la esperanza con dosis de cautela y reivindica un gran pacto para construir «el 'nosotros' vasco».

-¿Por qué da la impresión, a veces, de que usted es más escéptico sobre el final de la violencia?

-(Sonríe) No, soy más prudente. Mi esperanza es que los que están más cerca del asunto transmiten mucha convicción. Soy prudente porque la subcultura de la violencia está muy asentada en ese mundo y no se borra de la noche a la mañana. En declaraciones como las de Pernando Barrena se percibe que quieren salir de esto rentabilizando el fin de la violencia. Y eso choca con las 'líneas rojas' del proceso.

-Afirmaba hace unos días que Batasuna debe asumir que la democracia no va a adaptarse a sus pretensiones. ¿Lo sabe realmente?

-Da la sensación de que no han hecho la pedagogía necesaria para que sus bases comprendan que estamos ante el fin de su historia. No han comprendido que la democracia es generosa no porque haya sido derrotada, sino porque puede serlo en la victoria. Ése es el esquema. Y no estoy seguro de que esté suficientemente asumido.

-¿Eso explicaría la resistencia que está mostrando a legalizarse?

-Yo tenía entendido que eso formaba parte de un proceso aceptado. Lo que se está viviendo ahora es un tanto contradictorio, pero espero que sea colateral. Batasuna no puede pretender un relato histórico de que existe un déficit democrático y que la Ley de Partidos fue injusta. No. Tienen que asumir que deben aceptar ese marco, que sencillamente es el mismo para los demás. Ésta es una cuestión nuclear. Cuando pienso en el final, no pretendo tanto que pidan perdón, pero sí exijo que quede claro que han aceptado que no es legítimo matar para defender ningún proyecto. Que la violencia acabó y que aceptan las mismas reglas que los demás, las palabras y los votos.

-¿Ése es uno de los riesgos, que ETA y su entorno traten de reescribir la historia?

-Es muy difícil que puedan hacerlo. Con perspectiva histórica, el único relato posible es que la democracia ha vencido, que resistió. Y una de las cosas que lo garantizan es la presencia indeleble de las víctimas. Su presencia aplastante constituirá una pesada losa para cualquier relato contrario a que la democracia ha vencido.

-¿A qué atribuye las reticencias de Batasuna a la legalización?

-Desconozco las interioridades del proceso, lo digo para que nadie me atribuya protagonismo. Pero existen líneas de rozamiento que son delicadas y que tenemos que salvaguardar, entre lo que llamaríamos dignidad y democracia frente a las pretensiones de los violentos. Y una de ellas es la aceptación de un diálogo político paralelo al final de la violencia. Sólo hay diálogo porque hemos constatado inequívocamente que no hay violencia, y esta afirmación es tan rotunda como nunca porque llevamos tres años y medio sin asesinatos y cuatro meses de un alto el fuego permanente e incondicional. Pero no será posible ningún tipo de acuerdo mientras ETA no se disuelva de forma irreversible. Cuando advierten de que esto no es irreversible, parecen pretender que el proceso esté pendiente de una ETA que lo tutela. Y eso es intolerable.

Pacto de reglas

-¿La dificultad añadida es que la izquierda abertzale tendrá que interiorizar que la paz no tiene precio?

-No hay precio político. El acuerdo no consistirá en la configuración de un estatus jurídico y político nuevo. Para mí, el acuerdo es un pacto de reglas, de claridad, aceptamos un marco de convivencia desde el punto de vista de nuestra pluralidad y del contexto jurídico-legal en el que se desenvuelven las aspiraciones identitarias de los vascos. Están muy equivocados quienes piensan en más nacionalismo, en el reconocimiento de no sé qué derechos. La solución a la violencia es más democracia. Y ahí sí acepto que la voluntad de los vascos expresada en paz y libertad tiene legitimidad democrática para conformar un estatus, un ordenamiento. Pero lo que no admito es que sea consecuencia de un acuerdo como precio al fin de la violencia. La voluntad identitaria del país se tiene que expresar en paz y libertad. Y como pronosticó Mario Onaindia, una sociedad sin violencia será más relajada en su sentimiento identitario y más post-nacionalista.

-¿El esquema culmina con la asunción, de alguna manera, del derecho a decidir de los vascos?

-Es que yo no creo que ese derecho sea un sucedáneo de la autodeterminación, sino el derecho de la sociedad vasca a expresar democráticamente, en paz y libertad, una aspiración jurídico-política que si se vertebra y se reitera democráticamente tiene que encontrar su acomodo en el ordenamiento jurídico. Eso es, no el reconocimiento previo de un derecho.

-Sin embargo, ahí está la clave para los nacionalistas.

-Cuando algunos dicen 'reconozcan el derecho a decidir, que ya lo ejerceremos', es como si el Athletic reclamara, antes de empezar la Liga, que si al final tiene más puntos se le proclame campeón. ¿Oiga, gánela! No se trata de que se reconozca no sé qué derecho, consiga usted una mayoría clara, rotunda, vertebradora del país; exprésela democráticamente, no en una, sino en varias votaciones; no con trampas de final de violencia, sino en paz y libertad. Y como la tenga, nadie puede poner puertas a ese campo, porque será incuestionable democráticamente. Lo que no admito es que me la impongan de antemano. A Euskadi le hace falta un 'nosotros' vasco que el nacionalismo ha sido incapaz de construir. Si los 25 años de autogobierno tienen un fallo brutal es la división identitaria del país. Y lo que el nacionalismo debería reivindicar en la construcción nacional es la configuración de una comunidad vertebrada. Ese 'nosotros' quiero construirlo con ellos. Pero, por favor, con estas reglas.

-¿Y ve posible esa construcción con el PNV de Imaz?

-Sí, no hay otra posibilidad. Tiene que ser con ese PNV, al que yo aprecio con un proyecto sustancialmente distinto del de Lizarra. Ahora, cada grupo está expresando cuáles son sus postulados. Yo hecho en falta que el PSE reivindique lo que ha reivindicado siempre: Constitución, autonomía y ciudadanía. Esas señas de identidad no deben perderse, porque forman parte de nuestro caudal. Somos el partido del diálogo, vertebrador, históricamente hemos jugado un papel constructor. Pero justamente sabiendo que somos un partido clave, porque no hay nada sin nosotros, es importante que dejemos claras nuestras posiciones, que no se confunda nuestra ductilidad al diálogo con nuestra firmeza en los principios.

-¿Y se están confundiendo ahora?

-Bueno, simplemente aprecio la necesidad de reivindicarlo. No dudo de que mis compañeros saben dónde están y lo que quieren, pero no está mal que algunas voces incorporen al rol que está jugando el PSE esas reivindicaciones esenciales.

-¿Alimenta eso las especulaciones sobre un futuro acercamiento entre el PSE y la izquierda abertzale?

-Eso no me parece realista. La razón es que, jugando el PSE el papel de conductor del proceso, eso puede trasladar una imagen falsa de la realidad. Nuestra distancia política con la izquierda abertzale, el antagonismo de nuestros proyectos, hace inviable ese horizonte a corto o medio plazo. En ausencia definitiva de la violencia, el juego democrático puede ser más abierto, pero faltan muchos años para eso. Mientras, es más lógico hacer fuerte el eje de entendimiento PNV-PSOE, si es que hay bases para ello. Y yo creo que con Imaz las hay; no las había con el proyecto de Lizarra, pero el PNV ha cambiado y el que no quiera verlo es que está ciego. Es más lógico y más inteligente, y creo que a Zapatero eso no se le escapa, que tiene que consolidar un eje de relación leal con el PNV, por lo menos en esta fase y como núcleo fundamental de un posible pacto de convivencia.

-El primer contacto del Gobierno con ETA, ¿debería centrarse en verificar la intención de dejar las armas o servir para dar pasos, por ejemplo, en política penitenciaria?

-El Gobierno está verificando, con elementos fehacientes, la voluntad de cese definitivo de la violencia. Para mí ése es el dato más espectacular. Paralelamente, en el proceso pueden ser necesarios gestos en el llamado frente humano. Lo que se haga no debe ser irreversible, hasta ahora nada de lo que se ha hecho lo ha sido. Mientras no tengamos la constatación definitiva de la disolución de ETA, tenemos que ser muy prudentes. Y ningún Gobierno puede hacer nada que no sea aceptado por su ciudadanía, es otra 'línea roja' elemental.



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