OPCIÓN B
No hay nada en el mundo que guste más a Concepción Villalían que componer y cantar. Por eso, cuando La Blanca llama a la puerta coge su mantón de manila, su falda de volantes, su gorro negro, su atril, sus partituras y su guitarra, y se deja caer por las televisiones y las radio locales. Si le prestan unos minutitos, esta mirandesa domiciliada en Vitoria, entona encantada una habanera, un «canción marinera», una ranchera o el 'cucurrucucú paloma'. Así ya es feliz.
Profesora de música y de piano, y miembro de la junta directiva de la Federación de Coros de Álava, es una de las voces de la coral Dulcinea de Ariznabarra. «Siempre he cantado. Las monjas josefinas de Miranda son las que me prepararon en solfeo», recuerda. Admiradora de Beethoven -«el músico más inteligente»-, también ha hechos sus pinitos como actriz en 'Suerte' y 'El abrigo de Malta'. «Eran papeles pequeños, pero intrigantes», presume.
Hija única de un trabajador de la Azucarera de Miranda y de una pintora, Concepción se tiene en gran estima como artista. Tanto, que está convencida de que «si mis padres me hubieran dejado salir, habría llegado lejos, a Hollywood. Pero soy hija única y eso me ha perjudicado en mi carrera», asegura muy seria. «El artista, para serlo de verdad, ha de ser viajero», apostilla con gran lucidez.
Mientras aguarda un hueco en la programación de Punto Radio para cantar, Concepción revela sus dos ilusiones: cursar Humanidades a través de la UNED y entonar su «himno» al equipo sa-nitario de la nueva plaza de toros. OPCIÓN A
Mercedes Llovet tiene dos pasiones: la ar-queología y la «canción revolucionaria» norteamericana de los sesenta. De la primera ha hecho su profesión -es la directora del Servicio de Análisis Arqueológicos del Departamento de Antropología Social y de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona-; de la segunda, una afición «amateur», matiza.
Esto último llevó ayer a esta catalana dicharachera y a su guitarra hasta el set de Punto Radio en la plaza General Loma. Cantó en directo 'El preso número 9', de su admirada Joan Baez. Su canción fetiche. Le convencieron para ello su amigo y colega Eliseo Gil y los cinco alumnos que se ha traído desde la capital condal para colaborar este verano en el ya famoso yacimiento de Iruña-Veleia. «Hoy -por ayer- nos tomamos el día libre para acercanos a las fiestas de Vitoria y me han metido en este lío», contaba divertida antes de entrar en antena.
«Muy impactada» con la labor que el equipo de Gil ha desarrollado en la ciudad romana de Trespuentes, Mercedes participa en otros dos proyectos: la actuación de «salvamento» del yacimiento prehistórico de 'La Vinya de Regalalt', en Castellar del Vallès, y 'En busca de los faraones negros', un ambicioso plan que se desarrolla en la necrópolis Dyebel Barkal (Sudán) desde 1995. «En mi servicio nos ocupamos de clasificar los restos de los enterramientos reales y civiles que nos envían», explica. «Es un trabajo apasionante y tremendamente útil. En el pasado a menudo está escrito el futuro», dogmatiza.