El cuerpo pesa más que el plomo, los ojos se cierran sin remedio y las cuerdas vocales chirrían al máximo. Son los síntomas más comunes y habituales tras seis intensos días de fiesta, en los que el verbo dormir ha brillado por su ausencia.
Ahora llega el momento del descanso, de recuperar fuerzas y retomar el ritmo de vida habitual o aprovechar las vacaciones para realizar una pequeña escapada. Y cuando de relax se trata, cualquier rincón o lugar, incluso un incómodo banco, resulta apetecible.
Para Igor Balza de Vallejo y Janire Irigoyen, la sombra del parque de La Florida es un destino tan bueno como cualquier otro. Estos jóvenes de 15 años, acompañados de sus amigos Miriam Noveros, Mikel Muñoz y Edurne Sáez de Cámara apuraban ayer los últimos coletazos de La Blanca. «Nos lo hemos pasado genial, aunque ya se nota el cansancio. Son muchos días sin parar», admitían. Sin embargo, aseguraban que no les importaría repetir en breve «tras una semanita para recuperar fuerzas, ¿eh?».
Precisamente eso es lo que hará Maitane Otamendi, que ayer partía hacia un cámping en Navarrete. «Piscinita, monte y sol es la receta perfecta tras los excesos pasados para desintoxicar el cuerpo», aconsejaba. Eso sí, las fiestas de Bilbao no se las perderá por nada del mundo. «Ahora es el momento de disfrutar, ¿no?», recalcaba.
Destinos variados
Puede que allí se encuentre con Alessandro Italiano, Emanuelle Dattolico, Andrea Parton y Erika Ubol, cuatro jóvenes italianos que por tercer año consecutivo han disfrutado de la marcha vitoriana. Cansados y cargados de equipaje, partían rumbo a San Sebastián en autobús. «De allí iremos a Bilbao y luego al norte de Italia. Estas fiestas nos gustan mucho, han sido unos días muy divertidos», piropeaban billete en mano.
Pero no ha sido la única presencia internacional. Los belgas Jonathan Derenne y Samuel Plumhans hicieron un alto en su Interrail hace dos días para conocer la juerga 'tipical' vitoriana. Y no les ha defraudado. Sin embargo, el tiempo apremia y Portugal les espera.
Como buenos mochileros, no les faltan los sacos de dormir, las esterillas y, por supuesto, picoteo para matar el gusanillo. De esta guisa cayeron ayer en brazos de Morfeo junto a la estación de Renfe, mientras aguardaban su próximo tren.
Una espera no tan bienvenida por María del Carmen Díaz y su novio Francisco José Martínez. Él partía hacia Asturias, donde pasará varios días en la compañía familiar mientras que ella, por su trabajo como militar, debe permanecer en Vitoria. «No hemos tenido mucho tiempo para divertirnos estos días, pero aún así el descanso siempre es bienvenido», aseguraban despidiéndose. Al igual que La Blanca. Hasta el próximo año.