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Lunes, 14 de agosto de 2006
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ÁLAVA
La odisea británica
Pasajeros que volaron desde Vitoria al «caótico» aeropuerto londinense de Stansted narran su aventura para regresar en avión, autobús, tren e incluso en barco
La odisea británica
SE ACABÓ. Tras tres días de nerviosismo e intensa espera, la joven guipuzcoana Rosa Agúndez pudo reencontrarse, ayer, con sus familiares en el aeropuerto de Foronda. / IGOR AIZPURU
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Se acordarán del viaje durante años, y no para bien. Al salir desde el aeropuerto de Foronda de la mano de la compañía Ryanair contaban con unas dulces vacaciones en Londres y la correspondiente vuelta en el día y hora señalados. Pero no fue así. Más de 300 pasajeros que querían regresar a la capital alavesa se han visto envueltos en «el más absoluto caos» y han sufrido numerosas cancelaciones de vuelos que eternizaban su retorno en las saturadas terminales de Stansted.

La operación antiterrorista desplegada el día 10 por la Policía británica para abortar la trama que pretendía hacer estallar aviones en pleno vuelo provocaba nerviosismo, desorientación y tensión ante las ventanillas. Ahora, la situación roza la normalidad, pero Stansted se ha convertido en las últimas horas en una enorme 'jaula' atestada de viajeros «desesperados». Esto ha llevado a numerosos turistas a improvisar el regreso a España, lo que ha multiplicado el cansancio y el gasto económico. Ellos mismos narran su particular «odisea» británica.

«SE ME SALTABAN LAS LÁGRIMAS»

Itziar Martínez

«Nadie te ayudaba, el cansancio físico y psíquico que tengo es brutal», explica la vitoriana Itziar Martínez, que después de vivir dos años en Manchester retornaba por fin a su ciudad natal. Jamás soñó que su vuelta se empañaría hasta tal punto «que se me saltaban las lágrimas», confiesa. En teoría, salía de Stansted el viernes y se encontró con el aeropuerto colapsado. Los teléfonos móviles echaban humo y gracias a la ayuda de una empleada de Iberia de Foronda, sus padres le compraron un vuelo desde el aeropuerto de Heathrow -donde tuvo que dormir junto a su marido- hasta Madrid, donde llegó el sábado por la tarde. Sus progenitores tuvieron que ir a buscarla hasta allí. «Menudo desastre», recalca tras haber tenido que volver a Vitoria en un recorrido que incluyó traslados en taxi, autobús, avión y coche. «Nos ha costado 1.500 euros extra», se lamenta.

«ERA UN DESCONTROL»

Enrique Uralde

«Stansted era como la Virgen Blanca el día del Chupinazo», narra el vitoriano Enrique Uralde, que llegó a Londres el día 9 para hacer escala y volar hacia Noruega. Su plan se abortó de golpe y optó por volver «atravesando media Europa». Cogió el tren Eurostar hasta París y desde la capital francesa, un avión de la compañía Vueling hasta Vitoria. Llegó el sábado tras gastarse 2.000 euros extras. Critica que lo peor de todo es que «Ryanair mandaba sus vuelos llenos desde Foronda hacia Londres sin advertir del colapso. Los mandaba directos al infierno y allí no había conexión con otras capitales. Vale que ellos no tienen la culpa de una amenaza terrorista, pero informar no está de más».

«HEMOS VENIDO EN BARCO»

Joel, Álex, Aitor e Iñaki

«Menuda paliza que nos hemos dado», narra Joel Arellano, que junto con sus amigos Álex, Aitor e Iñaki salieron de Londres en autobús el viernes y llegaron en barco a Bilbao a las 7.00 horas de ayer. Es el ejemplo de la desesperada alternativa encontrada a última hora por 55 personas que querían salir de la isla como fuera.

«En el aeropuerto de Stansted nos dijeron que nos fuéramos a casa. ¿Dónde nos metíamos?», clama el joven de Azpeitia. Los padres de Aitor, uno de sus compañeros de peripecia, esperaban el viernes en Foronda un avión que llegaba a Vitoria vacío a por más turistas. «Lo peor es la incertidumbre que tenemos», reconocían Mikel Aranbarri y Txaro Alberdi mientras miraban por el cristal de la cafetería del aeródromo.

«INCERTIDUMBRE Y ESPERA»

Mikel Insagurbe

A las 15.05 aterrizaba ayer el vuelo 647 procedente de Londres con destino Vitoria. 15 minutos antes, Mikel Insagurbe esperaba la llegada de su madre a la misma hora pero con tres días de retraso: «Lo peor de todo ha sido la incertidumbre porque Internet y los teléfonos estaban saturados el día 10, así que no había posibilidad de contactar con mi madre ni de coger un nuevo vuelo», afirma. El mismo jueves a las 14.00 horas Mikel todavía no sabía si su madre iría en el vuelo. «Era complicado tener noticias porque el caos era bastante grande. Además, la posibilidad de coger un nuevo avión se iba diluyendo porque desde la página web de Ryanair se ofrecían plazas contadas», confiesa Insagurbe.

«Aún así -añade Mikel- hemos tenido suerte porque teníamos a la familia cerca y así por lo menos evitamos todo el jaleo de tener que buscar un lugar donde quedarse, de lo contrario el trastorno hubiera sido mucho más grande». Tras el panel electrónico que anuncia la llegada, Mikel se funde en un abrazo con su madre. La espera ha terminado.

«NOS BUSCAMOS LA VIDA»

Anaitz Goia

Anaitz, Rosa, Sebastián, Ander y Gurikaitz son cinco jóvenes guipuzcoanos de 21 años que salieron a finales del mes de julio de vacaciones hacia Escocia y Belfast. Nada les hacia pensar que después de quince días de «diversión» la llegada se iba a convertir en una espera «interminable».

El jueves era el día marcado en sus billetes para su salida hacia Foronda. En esa jornada se cancelaban todos los vuelos con destino a España. «Nos tuvimos que buscar la vida porque tanto desde la compañía Ryanair como desde el aeropuerto de Londres la única respuesta era que no había vuelos. Estábamos asustados y nuestras familias no sabían nada de nosotros», explica Anaitz Goia, a su llegada a Vitoria, ayer, tras pasar la noche en el aeropuerto. Durante esos tres días, los cinco jóvenes tuvieron que alojarse en un pequeño hostal de Londres con un coste aproximado de 120 euros por persona por el alojamiento y la comida.

«Dentro de lo que cabe hemos tenido suerte porque había gente a la que no le daban un vuelo hasta el jueves como mínimo y tuvieron que optar por coger el tren o un barco», explica. Además de soportar la espera recibían otra mala noticia. Debían adquirir un nuevo billete si querían estar el domingo en casa. «Hemos tenido que pagar 200 euros para volver, el doble de lo que nos costó el pasaje de ida y vuelta cuando salimos de Vitoria».

No obstante, el grupo exigirá la devolución del dinero por los gastos y el nuevo billete. «En cuanto nos tranquilicemos iremos a la oficina del consumidor para ver si es posible que nos devuelvan algo», reclama Anaitz. «Yo sólo quería verlos aquí sanos y salvos», respira aliviada la madre de Rosa Agúndez. «El resto es secundario», añade.

«MÁS INFORMACIÓN, MENOS NERVIOS»

Maite Pérez

Maite Pérez y Miguel Ángel, de Vitoria, volaron ayer a Londres para visitar a su hija que estudia en la capital británica. La vorájine y el caos inicial de estos días lo han contrarrestado con muchas llamadas a su hija y en sus caras se refleja tranquilidad y confianza en el vuelo que van a realizar: «Nos hemos leído todo lo que han publicado los medios de comunicación y el avión va a salir sin retraso. Lo hemos vivido con la incertidumbre habitual con la que se viven estos casos, y con algo de preocupación por nuestra hija. A más información, menos nerviosismo», explica Maite Pérez.

Antes de salir por la puerta de embarque confiesan no haber tenido problemas: «Ni siquiera nos han hecho meter en una bolsa de plástico el equipaje de mano», relata.



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