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Sábado, 19 de agosto de 2006
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«Mis vacaciones son nómadas»
La periodista nunca abandona un país sin visitar sus mercados y probar en cabeza propia las tendencias de peluquería
«Mis vacaciones son nómadas»
INFORMADA. Lo primero que hace es leer la prensa. / EL CORREO.
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Nació en el Mediterráneo y no puede vivir sin él. Olga Viza necesita el salitre. «Hago sesiones maratonianas. Bajo a la playa a la mañana, con los periódicos y la sillita; y, cuando se pone el sol tras de la palmera, cierro el libro y subo». No dice adiós, sino hasta luego. «Sí, porque la copa también la tomamos allí. Es mi verano ideal. Con mis amigos y mi familia, en la playa a la que voy desde que tengo uso de razón». Hace cuarenta años que disfruta de las dunas de ese pequeño paraíso catalán «turísticamente no agresivo». Pasea, habla, se baña. «Las conversaciones en el agua son estupendas». Y no da más detalles. «Para que nadie sepa que ese lugar existe».

Grecia es una constante en su vida. Ha estado seis veces. Y reincidirá. «Tiene un mar espectacular, con recodos fantásticos y calas imposibles». Le cautivan la gente, la comida, la luz, los atardeceres. «No hay nada más divertido que plantarte en El Pireo con un mapa, y ver qué barco sale en ese momento y a dónde va. Son vacaciones algo nómadas». Su debilidad son las islas griegas recónditas. «No conozco Santorini y Mykonos, pero sí Kos, Alonissos y Kalymnos. Soy muy mediterránea; pero, si fuera del Cantábrico, diría lo mismo».

Entre rascacielos, la periodista también se encuentra como pez en el agua. «Me encanta perderme sin rumbo por las grandes ciudades. Callejear. Meterme en las tiendas». Y ningún país se le va de la cabeza. «Siempre voy a una peluquería a que me laven y me peinen. Faltaría más. A veces he quedado irreconocible. En Moscú, quedé con unos pelos indecentes». En otros casos, lo realmente sorprendente es el proceso. «En Hong Kong te lavan el pelo tumbada en una camilla, con la cabeza colgando. Es fantástico». Pero no hay que animarse demasiado. «No les pidas que te depilen, porque les parece una aberración. Ellas no tienen vello, y ponerse cera caliente y estirar les parece una barbaridad». De nada le sirvieron las explicaciones. «Cuando les dije que, en Europa, se hacía así, se pusieron la mano en la cara como diciendo: '¿Qué bestia!'».

A Olga Viza le apasiona viajar. «Es enriquecedor, te hace entender la vida de otra manera. Es como un pelotazo de sensaciones nuevas». Un torrente de experiencias que siempre le sorprenden. «En mi vida me he sentido más rara que en un ascensor en Ulsan, en Corea». Estaba en un centro comercial, el único de la localidad. «Occidental, morena, tirando a alta. La gente me miraba como si fuera el coco, porque nosotras somos todo lo que a ellos no les gusta: tenemos pecho, estamos bronceadas, llevamos las uñas pintadas. Me sentí observada, como un bicho raro».

Le gustaría ir a Indonesia y a Canadá. «Volver a Grecia y conocer China, algo que deseo desde pequeña». Piensa que cada sitio tiene su plan. «En una gran ciudad puedes moverte a tu aire, como si estuvieses en Madrid o en Barcelona. En países como India es mejor ir un poco guiado, porque, si no, te pierdes muchas cosas». Ha aprendido a aparcar el trabajo en vacaciones. «Pero amo la televisión y veo la que hacen en cada lugar. Y lo primero que hago por la mañana es leer varios periódicos. Una cosa es desconectar del trabajo y otra, de la vida». A pesar de todo, se da el capricho de romper con la cotidianidad, «porque, en Hong Kong, no me conoce nadie».



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