Osakidetza ha puesto en marcha en Llodio un ensayo pionero para implantar la receta electrónica en la sanidad vasca. El municipio ayalés es, junto a Markina y San Miguel de Basauri, una de las poblaciones piloto de Euskadi para poner a prueba el novedoso sistema. Por dimensión, la localidad alavesa es la de mayor entidad de las tres, tanto por número de habitantes como de farmacias; siete en Llodio frente a dos y una, en Markina y San Miguel respectivamente. Osakidetza ha seleccionado a estas localidades por ser centros de población de tamaño medio, donde sólo existe un ambulatorio, lo que permite un seguimiento completo de la receta.
Los laudioarras recibieron a mediados de julio una nueva tarjeta sanitaria con un 'chip' incorporado, que sustituye a la anterior identificación. El envío se realizó con tres meses de retraso, ya que estaba previsto que el sistema comenzase a funcionar en abril. Además, Osakidetza buzoneó en una segunda carta el número secreto de la tarjeta, que permitirá a los usuarios acceder a su historial clínico a través de Internet en el futuro.
De momento, los llodianos que acudan a la farmacia lo harán tanto con la tarjeta electrónica como con la receta en papel. Todavía pasarán varios años hasta que Osakidetza decida prescindir de la receta tradicional, ya que el sistema deberá haberse afianzado tanto en Euskadi como en el resto de comunidades. Solamente en algunas poblaciones de Cataluña y Andalucía se han comenzado a implantar mecanismos similares.
Más ágil y fiable
Para los usuarios, la receta electrónica no supone ninguna molestia. Son los médicos de cabecera y las farmacias quienes gestionan el sistema, a través de sus ordenadores conectados a la base de datos de Osakidetza. Los facultativos elaboran la prescripción y pueden comprobar de forma inmediata posibles interacciones, incompatibilidades con medicaciones que el paciente este tomando, etcétera. Seguidamente, imprimen la receta que el usuario debe llevar a la botica. Por su parte, el personal de la farmacia identifica al paciente con la tarjeta y dispensa el medicamento de la forma habitual.
El experimento trata de lograr, según Osakidetza, la «adecuación de la prestación farmacéutica al diagnóstico clínico», así como «la colaboración entre los diferentes agentes implicados en el seguimiento farmacológico: personal sanitario, pacientes y administración». El ente público cree que permitirá a las farmacias desarrollar su labor con mayor agilidad y fiabilidad, así como conocer mejor el comportamiento de consumo de medicinas.