El Correo Digital
Lunes, 21 de agosto de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
EDICIÓN IMPRESA
CON REMITE
Tai chi
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

En estos últimos días ha aparecido por las calles vitorianas un montón de carteles que animan a practicar tai chi. Según los anuncios, lo pueden hacer los domingos de nueve a diez y media de la mañana, que ya son ganas de madrugar en día de fiesta, cerca de la ermita de San Juan de Arriaga. Hasta donde alcanzo, lo del tai chi es esa especie de gimnasia con pachorra que, en los parques chinos, practican en lentas coreografías los propios y propias de tal nación oriental. Bueno, si usted quiere hacer ejercicios chinescos junto al más importante de los símbolos de los fueros alaveses, allá lo haga con bien y para bien, con salud y buen humor.

Pero hay una cosa que me fastidia, y mucho. Llevo treinta años de estudio profundo de fisiología humana, esto es, de cómo funciona nuestro cuerpo serrano o de La Llanada. De paso, enseño esta disciplina a quienes tienen la desgracia de caer en mis manos. Pues bien, en tanto tiempo no he aprendido nada sobre energía vital ni sobre los meridianos de la acupuntura por los que discurren esas supuestas bendiciones orgánicas que se consiguen tras un tiempo de insistencia en la gimnasia china con la correspondiente humildad, paciencia y perseverancia.

Quiero decir que haga usted tai chi si le divierte y le sienta bien, pero no le aplique explicaciones místicas e inexistentes. Por supuesto que estoy convencido de que los ejercicios chinescos mejorarán su control motor y, en concreto, su equilibrio, además de obligarle a hacer una serie de estiramientos beneficiosos. Como no es traumático el tipo de movimiento, lo podrá practicar con cualquier edad, aunque le recomiendo sinceramente que, antes de empezar, se lo cuente a su galeno de cabecera.

Pero, por favor, no crea en magias ni en meridianos o, si vamos a ello, paralelos. Precisamente eso es sólo literatura para lelos y lelas.

jc.p.cobo@diario-elcorreo.com



Vocento