Es un placer caminar por las calles de Vitoria, sentarse en un banco y disfrutar de la sombra que, en los días de calor, dan los 90.000 árboles plantados por toda la ciudad.
Y es que sus beneficios son múltiples tanto para el ciudadano como para la ciudad porque generan oxígeno, purifican la atmósfera, renuevan el aire urbano, disminuyen y filtran el viento y atenúan el ruido ambiental.
Ellos ayudan a los vitorianos a vivir con una mejor calidad de vida, pero ¿cómo es la salud de los árboles de la capital alavesa? Para Eduardo Rojo, arquitecto urbanista y responsable de los parques de Vitoria, «es buena», aunque reconoce que el árbol de la ciudad no está en las mismas condiciones que si estuviera en un monte. «Crecen con más dificultades porque están rodeados de asfalto que, en ocasiones, actúa como calefactor, quemándoles las hojas», señala.
Los males más característicos a los que están sometidos estas enormes plantas, según el arquitecto, son el estrés y la contaminación. Añade, además, que los árboles plantados en las vías de la ciudad son más débiles que los cultivados en los parques. «Al estar sacados de su entorno natural, sufren porque no viven ni se desarrollan en las mismas condiciones que si estuvieran en el monte», precisa.
Pero la gran dolencia que sufren los árboles de la capital alavesa son las plagas de pulgón. Los ataques de estos insectos pueden comenzar en marzo o abril, en cuanto empieza a brotar el árbol. Se multiplican rápidamente y forman verdaderas colonias que recubren los brotes de las plantas y las hojas.
Estos parásitos están provistos de un largo pico con el que absorben la savia de las hojas, causando deformaciones y abarquillamiento de las hojas. Al pulgón le gusta el azúcar y, por eso, ataca los brotes más tiernos.
«Este bicho segrega una especie de melaza, un líquido pegajoso que resulta muy molesto a los paseantes», añade Rojo.
Los árboles que están más debilitados son los que tienen más riesgo de sufrir este tipo de invasión. «A veces, los vendavales provocan heridas que son, también, un punto de entrada del pulgón», explica el arquitecto.
La poda es una de las herramientas con las que se puede combatir esta plaga. «Retirar la vegetación seca y deteriorada es fundamental en el cuidado de los árboles», indica.
Se suele realizar en invierno y consiste en eliminar las ramas viejas y las descompensaciones del árbol en cuanto a espesor y vigor en ramas y brotes. También se poda en verano para aligerar las brotaciones fuertes.
Para realizarla, es imprescindible seguir una serie de criterios como, por ejemplo, respetar la estructura del árbol y sus sistemas de defensa.
Ventajas e inconvenientes
«Estos cuidados resultan algo molestos para los ciudadanos que, últimamente, ven como enemigos a los árboles por las incomodidades que ocasionan», indica Rojo. Agrega que los ciudadanos no deben perder de vista los beneficios que conlleva tenerlos en la ciudad. «Las ventajas son mucho mayores que los inconvenientes que acarrea su mantenimiento», asegura.
Vivir en la ciudad es una tarea dura incluso para los árboles, pero el ciudadano los necesita para sobrevivir en la urbe. De hecho, la Declaración del Derecho al Árbol en la Ciudad, aprobada en Barcelona el 2 de junio de 1995 y recogida en el preámbulo del documento municipal que regula la instalación de los árboles, así lo establece: «La ciudad necesita el árbol como un elemento esencial para garantizar la vida».