Cualquier fuerza multinacional enviada a Líbano debe hace frente a tres tareas colosales: la más esencial aunque no la más obvia es la consolidación del Estado libanés, lo que incluye la creación de unas potentes fuerzas armadas. Al fin y al cabo se olvida siempre la verdadera razón de que los israelíes arrasasen el sur de Líbano: ¿Porque podían! Por muchos ataques que hubiese lanzado Hezbolá, de haber tenido el Gobierno libanés un ejército de verdad, capaz de presentar batalla, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, se lo habría pensado siete veces antes de atacar. Claro que de haber existido ese ejército libanés, el Ejecutivo de Beirut habría podido impedir las provocaciones de Hezbolá y sin duda alguna lo habría hecho para evitar el ataque israelí.
Reforzar el Estado libanés es un objetivo a medio plazo que requiere su tiempo, como un árbol que puede crecer a cierto ritmo pero no más, por mucho agua y abono que le pongas. Mientras tanto, la fuerza multinacional debe asumir la difícil responsabilidad de impermeabilizar la frontera e impedir, de buen grado o por la fuerza de las armas, que Hezbolá ataque de nuevo a Israel. Sin embargo, las milicias del 'Partido de Dios' consideran la reciente campaña como un gran éxito y no parece preocuparles la destrucción que han provocado. Ellos recuerdan el gran atentado suicida contra el cuartel norteamericano en Beirut, en tiempos de Ronald Reagan, cuando mataron a 200 marines de una sola vez y lograron que las fuerzas extranjeras se retirasen de Líbano. Sin duda pensarán que pueden repetir la hazaña, que desde su punto de vista lo fue, y expulsar a esta nueva oleada de 'cascos azules' igual que a la anterior. Por lo tanto, es extremadamente probable una guerra abierta entre Hezbolá y las fuerzas de la ONU, incluidas las enviadas por España.
En tercer lugar, lo peor de todo: una fuerza multinacional de paz debe impermeabilizar la frontera en ambas direcciones, lo que significa que, pase lo que pase, esa fuerza multinacional debe defender a la población civil libanesa frente a cualquier agresión israelí. Eso implica recibir a los cazabombarderos de Tel Aviv con salvas de misiles antiaéreos para derribarlos y despanzurrar a cañonazo limpio los tanques 'merkawa' del Thasal tan pronto como crucen la frontera. Obviamente, los israelíes responderían de la misma forma, lo que implica decenas o incluso cientos de bajas en ambos bandos. ¿Alguien se plantea en serio un escenario así? ¿Y con nuestras tropas en medio de todo el sangriento embrollo? Hezbolá, que ya provocó una guerra deliberadamente, podría atacar a Israel tan sólo para que los 'cascos azules' se vieran atrapados en la vorágine. Peor todavía: Israel podría atacar Líbano en represalia por cualquier atentado, acusando con pruebas o sin ellas a Hezbolá. Mucho peor aún: enfrentarse a Israel implica provocar la hostilidad de su poderoso protector, el Gobierno norteamericano.
Si la comunidad internacional envía tropas y éstas no desarman o neutralizan a Hezbolá ni defienden a Líbano para impedir que Israel lo arrase, ni ayudan al reforzamiento del Estado libanés, sería necio e hipócrita enviarlas. 15.000 hombres no son suficientes para ninguna de las tres misiones planteadas. Sería preciso enviar 40.000, armados hasta los dientes con material pesado, acompañados de muy severas advertencias a todas las partes implicadas en el sentido de que cualquiera que inicie las hostilidades tendrá motivos de sobra para arrepentirse. Pero esta diplomacia de fuerza sólo puede dar resultado si Estados Unidos la respalda. El Gobierno de Washington jamás apoyará medidas o presiones de fuerza contra su gran favorito, el Estado de Israel. Tan profunda es la simbiosis entre ambos gobiernos, que la política exterior norteamericana parece escrita directamente por el primer ministro israelí, limitándose Washington a seguir al dictado las instrucciones del jefe.
Si la fuerza multinacional actúa sólo contra Hezbolá y se muestra impotente o pasiva frente a los israelíes, todos dirán que los 'cascos azules' son meros lacayos de Israel y Estados Unidos. ¿Desea el Gobierno español proyectar semejante imagen? En última instancia, Hezbolá saldría muy reforzado en un escenario como el descrito. Desarmar al 'Partido de Dios' es quimérico. Siempre le será fácil conseguir muchas más armas en breve plazo. La única solución es un Gobierno libanés poderoso y eficiente, que goce de la lealtad del conjunto de la población civil y que por lo tanto sea capaz de controlar su propio país, de fijar una política de neutralidad armada y defenderla contra cualquier enemigo exterior o interior. Los chiíes libaneses se concentran en el sur del país y por lo tanto apoyarían un proceso de paz que les protegiese de una nueva ofensiva israelí. Con su apoyo, Hezbolá no sería más una insignificante pandilla de terroristas fanáticos.
En última instancia, soy tremendamente optimista con respecto al envío de 'cascos azules' españoles a Líbano. Hezbolá sigue deseando la guerra por los mismos motivos que antes y ahora con uno más: demostrar que el ataque israelí no les ha derrotado, que ni tan siquiera les ha dañado de forma significativa. Por lo tanto atacarán, y cuanto antes mejor, desde su punto de vista, para que la demostración sea más convincente. Si retrasan el ataque, los israelíes afirmarán que eso se debe a la paliza que han recibido durante la reciente ofensiva. Tampoco desea Hezbolá que se despliegue una fuerza multinacional que tal vez no le perjudique mucho, pero que no puede causarle ningún bien. Por lo tanto, albergo la esperanza de que la guerra comience de nuevo antes de que podamos meternos en ese avispero.