El Correo Digital
Sábado, 2 de septiembre de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
DEPORTES
BALONCESTO
Cintura competitiva
El equipo nacional se puso a la altura del ardor guerrero albiceleste y multiplicó sus recursos ofensivos en un choque trabado y visceral
En un duelo de pulsaciones desbocadas, España se ganó una cita con la historia ante un rival extraordinario con una exhibición modélica de baloncesto nacido de las entrañas, valiente ante el ardor guerrero que reside en los genes argentinos, quizás imperfecto para los paladares exquisitos pero que recluta acólitos por doquier en los corazones calientes. El triple errado de Andrés Nocioni a seis segundos del final y el rebote ganador de Rudy Fernández pusieron la rúbrica a un envite formidable. Las dos mejores generaciones en la historia baloncestística de ambos países se conjuraron para rendir un homenaje sublime al baloncesto. Ganó España, como lo pudo hacer Argentina si el hierro no hubiera repelido el lanzamiento final del 'Chapu'.

El triunfo de los españoles adquiere aún mayor grandeza ante el calibre del rival batido y la cintura exhibida para acomodarse a las condiciones adversas impuestas de inicio por los albicelestes. España entró en el partido de la peor forma posible. Su destemple en defensa dio paso al aturdimiento ante el fuego triplista de Andrés Nocioni y Manu Ginobili que puso un preocupante 2-13 en el minuto 3. Al otro lado de la cancha, José Manuel Calderón se perdía en una maraña de brazos que acabaron por destrozar su brújula.

Merma en el rebote

El desconcierto cundió con un Pau Gasol oscurecido por la sombra defensiva de Fabricio Oberto, un ataque condenado a situaciones de juego estático y la irrefrenable pujanza rival en el rebote ofensivo. Argentina era dueña de las cercanías de ambos aros, percutía sin piedad desde más allá de la línea de tres y reducía a España a la nada. Con un triple, Jorge Garbajosa logró contener la vía de agua a falta de dos minutos para el final del primer cuarto, que agonizó con un preocupante 15-21. Para entonces, la bomba de relojería española llevaba ya dos minutos en cancha. Ante la ceguera de José Manuel Calderón, Sergio Rodríguez se presentó gustoso como voluntario para montar el quilombo.

El precoz base que ha dejado el patio de colegio estudiantil para volar con las estrellas de la NBA en las filas de los Portland Trail Blazers observó el panorama de unos compañeros preocupados y unos argentinos crecidos ante el aroma del temor rival. Con la temeridad de sus 20 años decidió actuar. Inyectó ritmo a España, rompió el miedo ante el aro contrario y mostró a sus mayores el camino correcto. Con la entrada en juego de Rudy Fernández y Felipe Reyes, España pudo plantar cara al ímpetu albiceleste para tomar la primera ventaja en el marcador en el minuto 15 (32-30). Fue el momento en el que Pau Gasol logró imponer su ley tras liberarse de la mordaza de Oberto, condenado al banquillo por acumulación de faltas y suplido por un Rubén Wolkowyski mucho más condescendiente con la estrella de los Grizzlies.

Con la igualdad reinstaurada, el baloncesto floreció en su versión más cruda, trazo grueso y descarnado. España por fin pudo levantar la cabeza y sostener la mirada de furia de la campeona olímpica para llegar al descanso con una exigua ventaja de 40-38. Sin ser ella misma, cortada su querencia al contraataque, la escuadra nacional supo templar los nervios. Eludió cualquier pendencia durante un inicio de tercer cuarto trabado, con constantes interrupciones de juego y equilibró la pelea por el rebote. Argentina comenzó a ahogarse en su propio ímpetu mientras el técnico Sergio Hernández no lograba concretar un quinteto en cancha que concediese un mínimo de constancia al juego. Mientras tanto, España se vaciaba en defensa para secar a Luis Scola -gran trabajo de Felipe Reyes y Jorge Garbajosa- y mascaba sus posesiones de ataque hasta los últimos segundos para encontrar la mejor opción de tiro o forzar las faltas que le mandaran a la línea de tiros libres. Poco a poco, el cuadro de 'Pepu' Hernández comenzaba a sentirse dueño del partido y resoplaba al final del tercer cuarto con un 60-56 a favor.

Valentía

Quedaban diez minutos para el final, una eternidad antes de ganarse al derecho de luchar por el oro. Sin apenas esperar a quemar segundos, Sergio Rodríguez abrió el capítulo final con un triple descarado (63-56) para después precipitarse en exceso en dos ataques consecutivos. Ya no había forma de contener las pulsaciones de un combate atlético digno de gladiadores.

España defendió su escasa renta mientras las refriegas se sucedían. A falta de dos minutos para el final, resurgía Juan Carlos Navarro de su noche más negra desde el comienzo del Mundial para colocar el 71-67. Los dos equipos se tomaron un respiro durante un tiempo muerto en el que 'Pepu' Hernández mandó a los suyos un mensaje claro. «Hay que ser valientes», arengó. Y a partir de ahí el desenlace del drama se precipitó. Con Gasol en el banco, España perdió su referencia principal en ataque. Sin apenas aire, quedó a merced de los argentinos en el último ataque, pero el 'toro de Chicago' no quiso embestir hacia la canasta española y se optó por ensayar, sin oposición, su intento de triple más amargo.



Vocento