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Sábado, 2 de septiembre de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
El líder que viene
Joven y meticuloso, el ciclista esloveno Janez Brajkovic quema etapas para llegar a un futuro que parece reclamarle
El líder que viene
LA REVELACIÓN. Brajkovic, el nuevo líder, es una de las grandes sensaciones de la Vuelta. / EFE
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Janez Brajkovic merece mucho más que un vistazo superficial. Es lo bueno de ser líder. Todos te miran. Y preguntan. Como la canción: «¿Y cómo es él?». Sorprendente. Por su primer puesto en la general y también por su historia, breve y veloz. Con cierto perfume a futuro. Eso auguran los datos: comenzó a hacer deporte en 2000, cuando ya tenía casi 17 años. Tarde parecía. Cuatro años después se vistió de campeón del mundo contrarreloj en el Mundial sub'23, con 18 segundos de ventaja sobre el amateur de moda, Thomas Dekker. A 47 kilómetros por hora, pese a su perfil de silbido: mide 1,76 metros y pesa apenas 58 kilos. Peso pluma con potencia de peso pesado. Ideal. Hay más: hasta el 31 de julio de la temporada pasada, era aún un ciclista amateur. Ahora, catorce meses después, es el maillot oro de la Vuelta después de dos etapas de montaña. Huele a futuro. Esloveno. Del Este, como el ciclismo que viene.

«No creo que pueda ganar la Vuelta. Tengo que ver cómo me desenvuelvo en cada etapa», comentaba en la cima del Morredero. Tímido, desacostumbrado a los focos. Educado. Agradecido. Y sincero cuando le pregutaron a quién temía en esta carrera: «Al frío, al mal tiempo». Claro. No tiene un gramo de grasa. Ciclista extrafino. Vive de perfil. «He venido para coger experiencia. Es mi primera gran Vuelta y mi objetivo era ayudar a Danielson». Modesto. Danielson, el líder teórico del Discovery, ya es historia. Brajkovic es el porvenir. Un chaval de 22 años que se ha atrevido con los dos finales en alto de la carrera: «En La Covatilla estuve muy bien. Pero en el Morredero he empezado mal. Iba bloqueado. Luego me he ido encontrando mejor». Sonreía y exhibía el hoyuelo de su barbilla. Parecía una diana. Puntería afinada.

Cuenta Johan Bruyneel, su director y el de Armstrong, que fichó a Brajkovic por una cuestión de cantidad, no de calidad. Azar. Necesitaba un corredor más para completar los 28 huecos de su plantilla. Y, según la normas del UCI Pro Tour, tenía que ser menor de 23 años. Entonces tiró de catálogo. Recurrió al listado de los Campeonatos del Mundo 2004. Allí deletreó por primera vez el apellido esloveno. Un contrarrelojista. «Me costó mucho dar con él». Un desconocido. El teléfono los unió. «Le cité para una prueba de esfuerzo. Antes de hacerla ya le dije a Demol, el otro director, que teníamos que ficharle». Así de seductora es la planta de Brajkovic. Fino, con la bicicleta como si fuera un guante. Estragado. Aerodinámico. Silueta de cuchillo. Piel de escalador y resultados de contrarrelojista. «Con sólo verle sobre la bicicleta me bastó». Vistazo.

«Es muy estricto»

Bruyneel introdujo en el equipo al joven esloveno durante la concentración invernal de 2004. Pero prefirió que compitiera aún unos meses como amateur, en el equipo Solvang. Le reclamó a mitad de la temporada, para el Tour de Benelux. Allí dio su primera sorpresa. Ayudó a Max van Heswijk a lograr la victoria y luego, ya en las vueltas a Alemania y Polonia, ocupó plazas entre los diez primeros. Eran apuntes. 2006 aún tenía que ser de rodaje. Aunque los resultados se empeñan en adelantarse al reloj: quinto en la Volta, igual que en la Vuelta a Suiza o a Georgia. El inexperto crece exponencialmente.

«Es demasiado meticuloso, demasiado profesional. Se preocupa demasiado de la comida, de los entrenamientos. Es demasiado estricto... Quiere ser ciclista por encima de todo. Físicamente está por hacer, aunque tiene una mente ya formada», define Bruyneel, que tiene que frenarle en sus obsesiones. Abrir la espita para que respire un ciclista todavía demasiado joven. «¿Si puedo ganar un Tour? No lo sé. Claro que me gustaría», sueña. Y se arruga su hoyuelo. Su diana, que de momento ocupa el centro de la Vuelta.



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