El modelo tradicional de familia no es único. Así lo ponen de manifiesto, cada vez más, diferentes estudios. El último informe sobre natalidad del Instituto Vasco de Estadística -Eustat- revela que el 24% de los nacimientos registrados en Álava el año pasado tuvo lugar fuera del matrimonio.
El hecho de que casi uno de cada cuatro bebés nazca ya de mujeres sin casar revela la rápida extensión del fenómeno en las nuevas generaciones de madres. Y es que el porcentaje del 24% supone duplicar el correspondiente a 2000 y multiplica por cuatro el de 1990. Hace dieciséis años, menos del 7% de los nacimientos tenía como protagonista a una mujer soltera.
La tendencia no es ni mucho menos exclusiva de Álava, sino que está en sintonía con lo que ocurre en otros lugares. Así, aunque el porcentaje alavés es casi un punto superior al del resto de Euskadi, resulta uno inferior al del conjunto de España. La proporción en Europa se dispara al 31% y alcanza picos «del 45% en países como Dinamarca», resalta la socióloga municipal Olga Oteiza.
La experta advierte de que el hecho de hablar de solteras que se convierten en madres no debe llevar a la confusión de pensar en mujeres que asumen la maternidad en solitario. «El grupo es mucho más amplio porque hay que incluir en este sector de población a las separadas, las divorciadas y las viudas», matizó.
La experta ve importante también tener en cuenta que el estado civil de soltería no conlleva necesariamente una única situación de convivencia. «Se puede ser madre soltera y tener pareja. O se puede estar separada o divorciada y volver a crear una familia sin volver a pasar por el matrimonio».
Entre 25 y 34 años
La mayoría de las mujeres que son madres sin haberse casado previamente tiene entre 25 y 34 años. «El porcentaje de mujeres de edades muy jóvenes es tan sólo es del 1%», señaló la socióloga.
Tener un hijo en solitario puede traer consigo dificultades. «Cuando es una opción voluntaria, se supone que hay un proyecto de vida y una situación económica estable. Por eso se da el paso. Pero cuando la decisión es derivada de una separación o un embarazo no deseado las dificultades aumentan», explicó Oteiza.
Para afrontar estos casos, las administraciones cuentan con una serie de ayudas. «Hay programas y recursos sociales que tienen en cuenta esta situación como, por ejemplo, el acceso a las escuelas infantiles o a la vivienda de protección oficial», señaló la socióloga. Y es que para apuntarse a Etxebide, uno de los cupos es el de familias monoparentales.