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Jueves, 7 de septiembre de 2006
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ÁLAVA
Una vida «normal» en el módulo tres
El hostelero cumple su primer mes en una celda compartida con otro preso y no tiene asignada ninguna tarea
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Apenas han transcurrido 27 días desde el ingreso de Ramón Talegón en Nanclares de la Oca. Una orden de prisión incondicional dictada el 11 de agosto por la juez que investiga el crimen de Pilar Achaerandio le condujo al hacinado penal alavés, en calidad de preso preventivo. Personas que conocen el mundo penitenciario, el comportamiento de los que ingresan por primera vez en presidio y la situación actual del hostelero vitoriano aseguran que todavía «está aterrizando en la cárcel».

Nadie sabe el tiempo que durará su cautiverio. Pero parece claro que podría prorrogarse al menos hasta la celebración del juicio, si la magistrada que instruye las diligencias llega a considerar que las pruebas o indicios aportados por los investigadores son suficientes para poder acusarle formalmente.

El también líder vecinal de la zona de Barrancal se encuentra internado en el módulo 3, considerado como «el menos conflictivo y masificado» de Nanclares. En él conviven hombres en espera de juicio, reclusos con condenas de corta duración y no reincidentes, unos 120 en total, frente a los 170 que albergan por término medio los recintos destinados en la cárcel alavesa a los ya penados.

«Talegón lleva una vida completamente normal dentro de una prisión y no recibe tratamiento psicológico específico», indicaron a EL CORREO fuentes solventes. No obstante, al igual que otras personas a las que, en principio, se imputan delitos de esas características, está sometido «a cierta vigilancia para tratar de detectar posibles tendencias suicidas o comportamientos agresivos», agregaron.

«Muy entero»

El hostelero comparte celda con otro interno y los responsables de la prisión no le han asignado aún ninguna actividad concreta. Por regla general, esa medida se suele adoptar contando con la opinión favorable de médicos y psicólogos, tras dos meses de observación del recluso y, en todo caso, siempre que exista alguna tarea vacante.

Los amigos que pudieron verle de lejos el lunes, cuando asistió a los nuevos registros practicados en su asador y en el domicilio de la víctima, aseguraron a este diario que le encontraban «muy entero» y en aparente buen estado físico. No obstante, se sorprendieron al verle con barba y con el pelo encanecido. Según dijeron, el hostelero acostumbraba a teñirse el cabello en una peluquería cercana a su negocio.



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