La segunda víctima mortal que se ha cobrado el embalse de Ullíbarri en una semana ha encendido las alarmas de los servicios de emergencia y socorrismo. El jefe de Bomberos de Vitoria, Pedro Anitua, navegante y buceador en estas aguas que conoce muy bien, alerta de «la gran peligrosidad de bañarse fuera de las playas por las especiales condiciones que esconden las oscuras aguas de los pantanos, más cuando están bajos como ahora. Las convierten en una trampa».
El último accidente, el pasado miércoles, en el que pereció un joven de 21 años de Nanclares de la Oca «que sabía nadar muy bien», ocurrió en una zona acotada para el baño, con la lámina de agua al 47% de su capacidad, pero sin vigilancia porque la temporada de baños y el contrato de los socorristas acabaron el domingo.
Los expertos describen un lago artificial naturalizado con el tiempo, en el que había colinas, montes, casas, huertas, pozos, árboles. No es el fondo de una piscina. Hay desniveles que pueden dar un susto y ramas y algas que pueden enredarte. Y sobre todo, falta de visibilidad. Todos los buceadores que han tenido que rescatar víctimas entre las aguas resaltan la dureza de la búsqueda «cuando te encuentras con el muerto al tacto y por sorpresa», subraya un submarinista.
Posiblemente, ha sido Iñigo Varela, ex-coordinador de los equipos de salvamento de la Cruz Roja en la zona, el que más cuerpos ha sacado. «Ocho. Pero han sido decenas de rescates, la mayor parte por imprudencias», resalta.
Vuelco de barcos
Según cálculos obtenidos de informaciones periodísticas al menos 74 personas se han ahogado en los embalses de Ullíbarri y Urrunaga desde que se llenaron las presas en 1957. «La primera causa de muertos en este medio es el vuelco de embarcaciones», agrega Anitua.
En cualquier caso, el máximo responsable de los Bomberos de Vitoria no comparte la opinión de prohibir el baño de manera explícita como ocurre ya en muchas balsas de riego del territorio, donde está señalizado con carteles. «No soy partidario de la prohibición en aras de la seguridad porque acabaríamos impidiendo el acceso de la gente al Gorbea o a la nieve. En esos lugares también muere gente en accidentes. Sí creo que hay que realizar campañas de advertencia sobre los peligros que encierra meterse en estas aguas».
La Diputación alavesa, competente en la ordenación de las playas de Landa y Garaio, recuerda que este año han pasado cerca de 97.000 personas desde abril y vuelve a hacer un llamamiento al sentido común. «No se pueden poner puertas al campo. Aunque llamamos playas a unas áreas acondicionadas en las que hay equipos de salvamento, cuando se acaba la temporada de baños no hay vigilancia, luego la gente no debe meterse en el agua», aseguró un portavoz del departamento de Medio Ambiente. La misma fuente recordó que Sanidad del Gobierno vasco consideró el pasado fin de semana que el baño «no era apto» en la segunda playa de Garaio donde ocurrió el último accidente. Había mucho fango.