Los más de 300 pueblos repartidos por la geografía alavesa atesoran centenares de casas, casonas y palacios de propiedad privada que cuentan con algún tipo de protección. Ello implica que, a la hora de realizar mejoras, sus dueños no pueden actuar con total libertad, sino que deben tener en cuenta una serie de pautas que por lo general encarecen las obras.
Para contribuir a la conservación de estos bienes, la Diputación concede todos los años ayudas a los propietarios. Lo hace a través de Arabarri, una sociedad foral cuya función es gestionar lo que se denominado el patrimonio cultural edificado.
En los seis últimos años la Administración alavesa ha realizado un esfuerzo económico importante para preservar o mejorar estos edificios con historia. En concreto, desde 2000 hasta este año ha dedicado 6,6 millones de euros (1.100 millones de las antiguas pesetas) a subvenciones. Este dinero ha ayudado a los dueños de 711 inmuebles a realizar obras para mantenerlos en pie o reforzarlos, según datos oficiales ed Arabarri.
La gerente de la sociedad foral, Luisa López Taberna, explica que el Gabinete Rabanera decidió dar un giro y un impulso a la empresa en 2000. Hasta ese año, Arabarri sólo se ocupaba de edificaciones enclavadas en alguno de los 25 cascos históricos existentes en la provincia. Desde hace siete ejercicios, su campo de actuación se ha ampliado a todos los inmuebles considerados patrimonio cultural del territorio. Para hacerlo posible, el Ejecutivo foral ha aumentado sensiblemente el presupuesto anual de Arabarri, que se ha cuadruplicado en estos años al pasar de los 741.000 euros de 1999 a los 2,9 millones de que dispone el actual ejercicio.
Pese al cambio, como es lógico, el 84,4% de las obras subvencionadas se han acometido en edificios de pueblos protegidos en su integridad. En estos núcleos de población se ha invertido el 77% del dinero. Las ayudas más importantes han ido destinadas a proyectos dirigidos a conservar el sistema constructivo tradicional.
«Tirar del carro»
La lista de actuaciones es tan diversa como lo es Álava. Por destacar alguna rehabilitación, Luisa López Taberna se decanta por la mejora de «unos caseríos catalogados de Aramaio» o «por unas casonas solariegas con escudos de Labastida», además de por «las preciosas fachadas de unos edificios de piedra de sillería de Salinillas de Buradón», así como por unas restauraciones integrales «de casa y bodega» que se están haciendo en Laguardia.
Según la gerente de Arabarri, buena parte de las intervenciones son posibles porque antes la empresa foral ha acometido en los pueblos pequeños «mejoras de infraestructura, de pavimentaciones que han renovado el pueblo». «Arabarri es la que está tirando del carro renovando los núcleos de población. Una vez hecho esto, los dueños se animan a mejorar las casas». Es lo que ha ocurrido en lugares como Campezo o Peñacerrada.