El Correo Digital
Viernes, 15 de septiembre de 2006
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OPINIÓN/Confundidos
Durante el verano se han multiplicado las declaraciones con relación al estado en que se encuentra el llamado 'proceso'. Para unos se trata de la finalización definitiva de la violencia de ETA, para otros, de la resolución del conflicto político. Así, mientras el presidente Zapatero valoraba la semana pasada la situación como el 'momento trascendental' con relación al fin de la violencia, portavoces autorizados de Batasuna han caracterizado la situación como de 'bloqueo' y de 'crisis' debido a las maniobras dilatorias de Zapatero, que pretende -según estos portavoces- convertir el proceso de resolución del conflicto en una negociación técnica con ETA para conseguir «su rendición».

Ante esta incertidumbre muchos se preguntan qué es lo que está pasando, porque lo que reina realmente entre la ciudadanía es la confusión y la apatía. Los ciudadanos lo que quieren es que se les deje de dar la murga sobre las incidencias ocultas que vive el 'proceso', y lo que exigen es que los dirigentes ejerzan debidamente sus responsabilidades y alumbren una situación en la que ETA deje de existir y las formaciones políticas consoliden una situación de diálogo y entendimiento sobre las cuestiones básicas de nuestra convivencia.

Es obvio que la ciudadanía desea y ansía la paz. Más aún, la exige civil y democráticamente. Esa es su aportación. Pero que nadie hable de proceso ilusionado y participativo, sencillamente porque no es cierto. La fase preliminar de la negociación está supeditada a una dinámica de protagonismo y confrontación que no interesa a la sociedad. Es decir, el gobierno y la izquierda abertzale en su conjunto han entrado en una dinámica bilateral y cerrada cuyo contenido viene perfectamente recogido por la locución latina 'Do ut des': 'doy para que des'. El Gobierno quiere tener la certeza del final de la violencia de ETA y la izquierda abertzale quiere su reconocimiento legal, así como el de la legitimidad de su proyecto. Tal y como está planteada la cuestión es como la 'pescadilla que se muerde la cola'. Un planteamiento del problema que obliga a las partes a jugar permanentemente en el filo de la navaja, donde lo importante nunca será el contenido sino la imagen. Es decir, el cómo quedo.

Este enfoque en ningún caso puede generar una dinámica que favorezca la participación activa de la ciudadanía y mucho menos puede ayudar a vertebrar un sentimiento de ilusión colectiva. A quien dice estar comprometido con la paz no se le puede permitir que en pleno alto el fuego mantenga respecto del rebrote de la kale borroka las posiciones que ha mantenido recientemente Batasuna. Echo de menos ahora las condenas de esta formación ante los atentados de Barañain y Getxo, producidos un mes después de la declaración de tregua. También echo en falta la posición anunciada por Zapatero en el Debate del Estado de la Nación, cuando tras su conocida expresión «primero la paz luego la política», añadió que «el tiempo largo que nos lleve alcanzar el fin de la violencia no va a impedir que el diálogo político entre las formaciones se inicie». ¿Hagan lo que tengan que hacer, pero, por favor, hagan algo! Lo que dicen está muy oído y, además, resulta francamente aburrido.



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