El Correo Digital
Domingo, 17 de septiembre de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Salvador
Hay trágicos periodos en la historia de todos los pueblos, periodos en los que, se diría, la población ha caído bajo el estigma de una maldición y ve horrorizada -o indiferente- cómo se pisotean los principios y las esperanzas en los que han vivido sus antepasados. Y cuando miramos hacia esos periodos nos preguntamos cómo después han podido recuperarse de tanta ignominia, como puede ser que lo que vivieron no les dejara paralíticos, al menos emocionalmente, para siempre. Pienso en los sufrimientos y las vejaciones sufridos en el Chile de Pinochet, por ejemplo, o en Argentina, países en los que desaparecieron miles de personas y otras tantas fueron torturadas por el solo crimen de haber defendido al gobierno legalmente establecido y a las ideas que regían sus programas. Y no sólo estos países, sino la Alemania posterior al reinado de Hitler o a la Rusia posterior al de Stalin.

¿Y nosotros? También tuvimos un golpe de Estado contra la legalidad vigente y cientos de miles de desaparecidos que hoy, poco a poco, recuperamos del olvido a medida que localizamos las fosas donde yacieron durante años los que fueron asesinados. Mirando hacia atrás nos damos cuenta de que bien que mal nos hemos recuperado, tanto los que sufrimos en nuestra carne la tortura y el exilio como los que simplemente tuvimos que soportar el oscurantismo y la falta de libertad.

Pero viendo ayer la hermosa película 'Salvador' de Manuel Huerga, donde se narra sin aspavientos ni mitificaciones la verdadera historia de un chico que atracó y robó bancos, se vio envuelto en una refriega que costó la vida a un policía y es condenado en un juicio injusto a la pena de muerte, me preguntaba, ¿cómo pude recuperarme de esta historia que viví en el miedo y la angustia, cómo pude sobrevivir a tantas otras que ocurrieron muy cerca de mí durante mi infancia y mi juventud, cómo vivo, vivimos hoy, sin que en apariencia hagan mella en todos nosotros esas historias de terror con las que crecimos y nos formamos?

La naturaleza humana tiene recursos para que sigamos viviendo entre ellos, la memoria, esa facultad que nos enseña quienes somos y por qué somos hoy como somos. Sin esta memoria, sin la recuperación de nuestra historia más reciente, se nos haría muy difícil comprender los gritos y las serpientes que salen de la boca de quienes ni siquiera hoy se atreven a denunciar unos hechos vergonzosos y execrables.

Película meritoria, sí, pero sobre todo, una de las más emocionantes y bellas películas del cine español.



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