Vladimiro Roca creció dentro de la casta privilegiada del sistema, como hijo de un miembro del buró político, pero poco a poco fue desencantándose hasta convertirse en uno de los disidentes más destacados. Como la mayoría, coincide en que la expectación mundial de que la desaparición de Fidel Castro arrastre el fin del régimen que implantó hace 47 años es infundada y sólo refleja la ignorancia y el deseo de que así se produzca. Él aboga por un cambio pacífico, aunque admite aceptar ayuda «venga de donde venga, siempre y cuando sea incondicional».
-¿Le ha sorprendido que no ocurra nada al anunciarse la enfermedad de Fidel?
-¿Y por qué iba a pasar? ¿No hombre, no va a pasar nada! ¿Pasó algo cuando murió Stalin en la Unión Soviética? ¿Pasó algo en China cuando la muerte de Mao? ¿Cuando la muerte de Ho Chi Ming en Vietnam? ¿Cuando la de Kim Il- So'ng en Corea? Existen instituciones que no desaparecerían con Fidel. Ni siquiera su propia familia va a desaparecer cuando él muera.
-Nunca he oído a nadie en Cuba decir que quiere a Raúl, pero sí he escuchado a mucha gente que habla bien de Fidel.
-Quizás porque no conocen a Raúl ni conocen a Fidel. Todo lo que hacen es por la propaganda que reciben, pero no por los hechos.
-¿Cree usted que Raúl podría resultar más receptivo a una apertura?
-El primer reformista que hay en Cuba desde hace mucho tiempo se llama Raúl Castro. Empezó con las Fuerzas Armadas, que ahora es el organismo más eficiente que hay en el Gobierno cubano, desde el punto de vista económico. Eso lo ha logrado precisamente a base de introducir reformas y dejarse guiar por la asesoría de la gente que sabe. Es un hombre mucho más organizado que Fidel. Cada persona es un mundo, y con Raúl las cosas van a ser distintas a como son con Fidel.
-Suena como si incluso pudieran ser mejor.
-Yo diría que sí, estoy casi seguro de que Raúl iniciaría casi inmediatamente una reforma económica general en el país. Y eso sería positivo.
-¿Qué tipo de reforma?
-Pienso que iría buscando la eficiencia económica, como lo ha hecho con los grupos empresariales dentro del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que tienen intereses y normas capitalistas. Empezaría por ahí. Él fue también uno de los que empezó estimulando el mercado agropecuario para buscar campesinos que garantizaran la alimentación del pueblo, mientras que el que se ha cerrado y está contra todas esas reformas es Fidel. En el año 94, Raúl lo dijo claro: o ponemos comida o dime cuándo saco los tanques.
-Los analistas creen que Raúl emprenderá esas reformas económicas porque si no mejora el nivel de vida de la población no podrá sostenerse en el poder sin el carisma de su hermano.
-Esos son análisis simplistas y muy voluntariosos, porque a menudo reflejan el deseo de quien los hace. Los derrumbes no se dan así, ni mucho menos. Lo mismo dijeron de Kim Jong y ése no ha hecho ninguna reforma. Tiene al pueblo coreano pasando cuarenta varas de hambre y ahí está. Pero el Gobierno también parece estar asustado con la posibilidad de que la gente se levante, de hecho el Ejército se movilizó a raíz de la enfermedad de Fidel. Porque le dijeron que iba a haber una invasión. Los militares no tienen una mentalidad represiva. Su formación ha sido la de defender a la patria de una agresión extranjera.
-¿Qué ocurriría si tratasen de utilizarlo como fuerza represiva?
-Existe dentro del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias una fuerza represiva especializada -además de los órganos represivos del Ministerio del Interior- como las tropas antimotines, que son las que pueden utilizar. Ésas actuarían, pero el grueso de las Fuerzas Armadas no. Además, la utilización de estas tropas antimotines sería un golpe muy duro para la oficialidad de las Fuerzas Armadas, porque iría contra el concepto que a ellos siempre les han inculcado que las Fuerzas Armadas no son nada más que el pueblo uniformado. Eso, lógicamente no tendría mucha aceptación entre los oficiales de las Fuerzas Armadas y podría traer la aparición de movimientos disidentes dentro del Ejército.
-¿Alguna vez se ha planteado que se pudiera hacer una nueva revolución desde dentro?
-Yo planteo cambios, no revoluciones. Ya no quiero más revoluciones. Éstas traen sangre y violencia. Yo lo quiero todo tranquilo.
-¿Hay otros movimientos disidentes que sí se plantean que la violencia sea necesaria?
-Dentro de la oposición pacífica, no. Puede haber movimientos dentro de Cuba que estén por la violencia, pero no se acercan a nosotros, en primer lugar porque tienen que ser clandestinos. El Gobierno siempre ha tratado de inclinarnos hacia la parte violenta para podernos reprimir a sus anchas.
Posición de España
-¿Por qué no pidió reunirse con Kofi Annan?
-¿Para qué? ¿Para conocerlo? ¿Una entrevista social? Ya le hemos mandado unas cuantas cartas y no ha habido resultado alguno. ¿Para qué me voy a entrevistar con él? Lo pondría en una situación bien difícil, porque no va a poder resolver nada.
-¿Le molesta que haya venido a esta cumbre? Algunos dicen que con ello le seguía el juego a Fidel.
-Ésa es una reacción de gente visceral que no analiza las cosas. Independientemente de que esta cumbre se esté celebrando en Cuba, el Movimiento de No Alineados es reconocido por Naciones Unidas, y Kofi Annan es su secretario general. Si fue invitado debe concurrir, donde quiera que se celebre.
-¿Qué opina de la posición de España? ¿Se puede lograr más enfrentándose a Cuba, como Aznar, o buscando influir, como Zapatero?
-Aznar no se metió en un enfrentamiento de retirar al embajador ni mucho menos, sino que exigió con más fuerza el respeto a los derechos humanos en Cuba. Es cierto que hay que buscar apertura, pero se tiene que ser firme.
-¿Arrojó algún resultado la política de Aznar?
-Al menos el Gobierno cubano tenía menos foros para gritar.
-¿Qué debería hacer el de Zapatero?
-No sé, al menos tener la reciprocidad.
-¿Vive pensando cuándo vendrán otra vez a detenerle?
-No, eso será el día que Fidel diga 'pa dentro', ya no me preocupo por eso.
-Usted estuvo encarcelado cinco años ¿Qué fue lo más duro?
-Estar dentro de la prisión, porque aquí las cárceles no tienen condiciones higiénicas para que viva ningún preso. Por lo general, todas están sobrepobladas.
-¿Alguna vez ha pensado en irse de Cuba?
-Por el momento no, pero el día que me dé por irme, me voy. Es mi decisión y mi derecho. Si lo hago será a EE UU, porque nuestra hija vive en Tampa (Florida). No he podido ir a visitarla nunca porque a mí no me dejan salir. O más bien no me dejan regresar. Si me voy definitivamente no hay problema, estarían encantados.