El Correo Digital
Viernes, 22 de septiembre de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
ARTÍCULOS
El caso
Se le llama 'caso Leganés' porque el hospital Severo Ochoa se encuentra en Leganés. También se le llama 'caso Lamela' porque fue Juan Lamela, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, quien destituyó al jefe del Servicio de Urgencias del hospital, Luis Montes, por supuestas sedaciones irregulares a enfermos terminales. Y se armó. Para algunos, la gravedad de las acusaciones de mala praxis médica pretendía solapar un oscuro propósito de desprestigiar la sanidad pública con el fin de justificar una futura política de privatizaciones. Para otros, sencillamente forma parte de una estrategia de lucha entre el PP y el PSOE por el control del poder en los grandes hospitales de Madrid. El caso se inició en marzo de 2005 con unas acusaciones tan graves y de proporciones tan elevadas que ya sólo por eso el sentido común aconsejaba abordar el tema con cautela, ya que podían entreverse en el tono y la intensidad de voz de los acusadores las ganas de montar un escándalo lo más estruendoso posible. Y, por supuesto, lo montaron. Aún colea. Desde luego, es muy difícil defenderse de cierta clase de acusaciones, por otro lado muy fáciles de hacer. Se le pone a uno en la delicada coyuntura de tener que probar su inocencia. ¿Pero, cómo se hace eso? Manchar el honor de alguien es sencillo. Limpiarlo después por completo, dejarlo como estaba, es ya imposible. A veces, la más terrible de las difamaciones viene motivada por la más estúpida de las motivaciones. Aunque la noble lucha por el poder no es algo estúpido, ¿verdad? Después de año y medio, Luis Montes ha declarado esta semana por primera vez ante el juez para responder a preguntas relacionadas con cuatro sedaciones en las que participó personalmente. Unos cuantos militante y afines al PP le esperaron en la puerta de los juzgados de Leganés para saludarle y llamarle 'asesino'. Como siempre, sólo digo una cosa: que espero que no se condene a nadie sin pruebas. Sólo eso. Diseñar escándalos es muy fácil, repito. El estilo es prácticamente el mismo que el utilizado para inflar la absurda teoría de la conspiración en la organización de los atentados del 11-M. Lo más peligroso de esta campaña, sin embargo, me parece el campo escogido para sembrar la duda: la sanidad pública. Y en concreto, los agobiantes y a menudo sobresaturados servicios de urgencias. Y más concretamente aún, en los arduos y moralmente espinosos casos de enfermos en trance de muerte a los que se administra un sedante para paliar un dolor ostensible y con frecuencia agudo y prolongado en el tiempo. Una pregunta: ¿Cómo puede salir gratis llamar asesinos a unos médicos? Y otra: ahora le ha tocado a la sanidad pública, ¿pronto le va a tocar a la educación?



Vocento