Lunes, 2 de octubre de 2006
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ANÁLISIS
¿Por qué impunidad?
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Pertenezco a una generación que se crió con vino. Eras un microbio, pero en las comidas te servías tintorro con agua sin ningún problema. Para abrir el apetito, cosa en mi caso supérflua aunque de vez en cuando accedía a él, se suministraba un brebaje alcohólico publicitado bajo el lema: «Da unas ganas de comerrrrrrr...» No recuerdo la edad a la que comencé a alternar, pero seguro que aún era menor de edad. Pero no cometí ninguna ilegalidad, porque tampoco había problemas para que te sirvieran espirituosos en las tascas. Con mi actual edad, sigo disfrutando de los bares y me gusta el morapio, pero no soy un alcohólico. Digo esto para que quede claro que no me escandalizo demasiado porque un adolescente de cualquier sexo compruebe los desastres que una buena resaca produce en su estómago y su cabeza.

Sin embargo hay un par de cosas que me preocupan mucho. Primera: los jovencitos de hoy salen directamente a cocerse y están mejor cuanto más rápido lo consigan. Vamos, que deben colocarse antes de empezar de verdad a disfrutar. La borrachera no es así una consecuencia indeseable de una actividad social -tomar unos potes con los amigos- sino el paso previo a la socialización de los practicantes de estas nuevas costumbres. Antes el 'botellón', luego, eliminados timideces y tabúes, a conversar o a ligar. ¿Cuándo podrá la educación diluir estos malos hábitos?

Por otro lado, me preocupa la impunidad con la que estos jóvenes pueden acceder al alcohol. Vale que las leyes correspondientes pueden ser un tanto hipócritas y que habría mucho que discutir sobre ellas. Pero también está meridianamente claro que no conviene que estén en contacto con tóxicos como el alcohol los cerebros en formación, los que aún no han alcanzado la madurez neuronal, algo que sólo se consigue alrededor de los veinte años. En definitiva, no sé seguro si las leyes están bien. Sí sé que, aun paternalistas y un poco gazmoñas, su fin es proteger el cerebro de los jóvenes. Por lo cual, pregunto: ¿por qué la evidente impunidad de los vendedores y los compradores? ¿No deben cumplirse las leyes?jc.p.cobo@diario-elcorreo.com



 
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