«Con lo que ganaremos aquí en 22 días de vendimia, unos diez u once millones de guaraníes -algo más que 1.500 euros- en nuestro país podremos vivir cuatro meses sin problemas, hasta seis incluso», explican Patricia Rivas y Mónica Soto. Las dos jóvenes forman parte de una cuadrilla de diez paraguayos que recoge uva en el término de Morenillos, en Laguardia, para la bodega Marqués de Riscal. Protagonizan los primeros compases de la vendimia que se abrió la semana pasada en la Rioja alavesa, de momento con la uva blanca.
Patricia, Mónica y sus compañeros son la avanzadilla de los 3.000 o 4.000 temporeros que irán llegando estos días a la Rioja Alavesa a medida que se generalice la recogida de uva tinta, más tardía. Hace unos años predominaba el colectivo gitano, pero su presencia va en retroceso, como ocurre con los andaluces. Portugueses y magrebíes son ahora los vendimiadores en alza. Menudean los sudamericanos y los agricultores realizan gestiones para traer también el próximo año polacos y otros europeos del Este.
«Nosotros venimos de Logroño, donde vivimos», cuenta Amalio Ortiz Gómez, capataz del grupo de paraguayos. «Al margen de la vendimia trabajamos en otras tareas del campo, mientras las mujeres cuidan ancianos y niños. Dormimos en Logroño y aquí el patrón nos tiene preparado un local para comer en Leza», detalla. «Pagan siete euros la hora y todos estamos con papeles y contratos», apostilla enseguida, un comentario que da pie al agricultor que les ha contratado, Aitor Iza, para quejarse de la «excesiva burocracia» que exige la Administración. «Tenemos que hacer hasta seis copias de cada papel», asegura.
Mohamed y Gilale son dos jóvenes marroquíes que acaban de volver del campo y se asean para salir a dar una vuelta por las calles de Navaridas. Viven en el alojamiento particular que ha preparado un miembro del sindicato agrario alavés UAGA. El local dispone de diez camas, repartidas en literas en dos habitaciones, y una cocina con un fuego, un pequeño fregadero, un frigorífico y una mesa.
No hay espacio para el lujo, pero todo está limpio. «Nuestros técnicos revisan cada alojamiento antes de empezar la campaña. Y el próximo año lo hará también el Gobierno vasco», avanzan Ana Blanca Fernández y Ernesto Blanco, responsables del servicio de inmigración y temporeros de la central agraria. «Tratamos de cuidar sus condiciones de vida, lo que no ocurre en otros alojamientos. Cuando se generaliza la vendimia, se puede ver a temporeros durmiendo por ahí, en cualquier sitio», señalan.
«Es mejor Francia»
Mohamed Mjidé tiene sólo 18 años y procede del norte de Marruecos, cerca de la frontera con Argelia. En España viven su padre y tres de sus 13 hermanos, a la búsqueda siempre de trabajos agrícolas, saltando de campañas de una o a otra zona. «Es el segundo año que vengo. Aquí estoy bien. Nos pagan seis euros y medio por hora y nos aseguran un complemento según los kilos recogidos», explica. «El año pasado saqué cerca de 70 euros por día, unos 1.500 en la vendimia», resume.
El joven marroquí explica que trabajan siete horas cada jornada, con la posibilidad de hacer otra extra. «Ahora, con el Ramadán, que ha empezado este fin de semana, haremos jornada continuada, hasta las cuatro de la tarde, para cenar luego pronto. No podemos comer durante el día, hasta que empiece a anochecer», recuerda.
Más pesimista se muestra su compañero Gilale, que se niega a ser fotografiado. Sólo lleva tres días en la Rioja, pero parecen pesarle sus malas experiencias en otras zonas, como Murcia o Jaén. «Es mejor Francia, donde estuve dos meses. Allí hay más derechos y te reconocen las horas extras, lo que no ocurría en España», dice. Tampoco ayuda a mejorar su ánimo la corta duración de la vendimia en la Rioja alavesa. «¿Sólo son veinte días! No dan para nada», lamenta.
Sin embargo, los dos jóvenes magrebíes pueden ser unos privilegiados entre los temporeros. Llegan ya con contrato firme, avalado por el sindicato agrario, y con un techo garantizado. «Llevamos seis años con este programa y esta vendimia alcanzaremos los 350 trabajadores contratados en origen por unos 120 viticultores. No son todavía demasiados, pero vamos cada año a más», informa Ana Blanca. La contratación en origen de todos los operarios necesarios es un gran reto. «Tenemos un triple objetivo. Primero, garantizarnos mano de obra lo más preparada posible. Segundo, ofrecerles las mejores condiciones de vida y trabajo dentro de lo que cabe. Y en tercer lugar, evitar la subcontratación, la existencia de mafias», confía.
La puesta en marcha de su programa se adelantó dos años a la rotunda denuncia que hizo en 2002 Mertxe Agúndez, entonces Ararteko en funciones. Agúndez insistió en la existencia de «auténticas mafias» e hizo un informe demoledor sobre las condiciones que sufrían los inmigrantes.
«Miedo a denunciar»
También las centrales UGT y CC OO reiteran cada año la existencia de mafias, algo en lo que coinciden con el sindicato agrario. «Es un problema real y sangrante, que no se da sólo al otro lado del Ebro, sino también en la Rioja Alavesa, y particularmente se centra en las cuadrillas de portugueses. Lo he comprobado yo mismo los últimos años en localidades como Elciego, Lanciego y la zona de Oion», asegura el responsable de la UGT Vicente de Bustos. «Los intermediarios no son muchos, pero controlan demasiado», denuncia.
El sindicalista admite, sin embargo, que es muy difícil lograr denuncias concretas. «Hay mucho miedo y no conseguimos que salgan a la luz», reconoce. El presidente de la UAGA en La Rioja Alavesa, Eduardo Pérez de Arrillaga, también ha constatado que el problema existe, aunque cree que es un fenómeno «en retroceso». Y lo achaca a la coincidencia entre el auge de la contratación en origen, la decisión de las grandes bodegas de cumplir la legalidad, y la «presión de la Ertzaintza y la Inspección de Trabajo».
La llegada de los temporeros a tierras riojanas ha traído históricamente consigo, además, otro inconveniente práctico, la difícil escolarización de sus hijos cuando les acompañaban. «Afortunadamente, el problema va a menos cada año, porque cada vez más temporeros prefieren dejarlos con otros familiares», asegura la diputada alavesa de Bienestar Social, Ainhoa Domaica, del PP. «Hace dos años hicimos un estudio y la cifra de niños había bajado a 389. Eran un centenar menos que en 2003 y creo que siguen bajando», afirma.