Las fotografías de Mikel Rosón nos acercan a escenarios urbanos entre la arquitectura y el viaje. Son paisajes de la ciudad construidos de fragmentos, en los que ha decidido excluir el entorno para obtener una imagen de mayor impacto. El autor se nutre de contextos distintos aunque mantiene una continuidad evidente en sus series. Continuidad lograda gracias a una intencionalidad al concebir el proyecto y a la forma de construir sus imágenes en el momento de la toma. En la ma-nera de proyectar estos paisajes ur-banos la vida se intuye pero no se concreta. Se personaliza lo cotidiano y se nos descubre en otro plano.
Fotografías tomadas en distintas metrópolis y en las que se nos presentan edificios corporativos, grandes compañías, hoteles, lugares de tránsito, habitaciones, pasillos, subterráneos. En definitiva, imágenes cotidianas, espacios habituales en los que se desarrolla el acontecer diario de una urbe contemporánea y que aparecen clasificados en tres series, con distintas perspectivas de la ciudad. En Espejismos el autor muestra edificios emblemáticos de los centros urbanos contemporáneos, en Tránsitos, lugares de paso propios de los desplazamientos diarios y por último en Inner Rooms nos adentra en interiores que pertenecen a la esfera de lo personal. No encontraremos signos distintivos que hagan referencia a su procedencia geográfico-nacional, siempre parecerá que no hemos salido de la misma ciudad. Mikel Rosón nos propone un modelo de urbe imperante a nivel global, restando relevancia a su procedencia. La fotografía como reflexión profunda sobre la realidad urbana, un conocimiento del urbanismo que va más allá de lo estrictamente técnico.
Cada imagen de las diferentes series funciona a un nivel estético por sí misma, pero se hace evidente que el trabajo adquiere su sentido al verlo como un conjunto. Cada foto va encajando en la siguiente como lo hacen los elementos en cada composición. Así se hace presente la idea rigurosa de lo que se quiere transmitir, la reflexión acerca de la realidad del hombre que habita la urbe y las dinámicas urbanas en las que está inmerso, y todo a partir de las estructuras arquitectónicas que caracterizan nuestras ciudades, o de unos interiores que constituyen la esfera más íntima de las personas que las habitan, y que inevitablemente tienden a parecerse.
En sus fotografías se combinan procesos de construcción y deconstrucción. En unos casos, las imágenes parecen estar enmarcadas, por ejemplo las fachadas, en las que presta un interés sustancial a los márgenes y límites de los encuadres, de forma que el contenido se ve alterado por la propia presentación. En los lugares de transición, como pasillos o distribuidores, los juegos de luces definen espacios vacíos, como en los interiores, donde la penumbra crea una atmósfera inquietante. Mediante el encuadre, el foco o el tratamiento de la luz se descubren mundos ocultos en espacios cotidianos, lo extraordinario en el seno de lo ordinario.
Estas fotos desbordan el concepto meramente descriptivo del paisaje urbano porque hay una intencionalidad trabajada tras ellas. No se justifican por ser un espejo de la realidad, o una reproducción, hay algo que va más allá, la subjetividad. Al contemplarlas nos invita a detenernos en su rigurosidad poética, en su inquietante extrañeza que nos lleva a desintoxicarnos de la avalancha de imágenes en la que estamos inmersos, al ritmo frenético de la vida urbana. Según nos adentramos en las imágenes, el ruido del espacio urbano se convierte en susurro y este susurro nos en-vuelve, mientras las contemplamos el tiempo parece suspenderse, la ciudad parece detenerse para nosotros. Comisión de Cultura Colegio de Arquitectos de Vitoria
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