Sólo quien sufre algún tipo de lesión en las vértebras sabe lo que es cargar todos los días con un dolor de mayor o menor intensidad pero que, lejos de mejorar, parece que siempre va a más y en algunos momentos, encima, pinza algún nervio.
Esto es, a modo de resumen, lo que le viene ocurriendo a Charo de los Ojos desde hace dos décadas. Cocinera en una residencia de ancianos, esta mujer de 54 años arrastra el problema desde que tenía 30. Ella lo achaca a los «malos hábitos, a coger mal los pesos durante mucho tiempo». Sea por lo que sea, lo cierto es que Charo sabe más que de sobra lo que es ir a trabajar poco menos que a rastras porque «no puedes estar toda la vida de baja».
Fue en 2000 cuando, harta de antinflamatorios y calmantes, «me puse seria y conseguí que me hicieran una resonacia magnética». El diagnóstico fue claro: discopatía degenerativa, es decir, desgaste o pérdida de altura de los discos intervertebrales. Esta patología lleva en su caso aparejado un pinzamiento del nervio ciático derecho desde la nalga hasta el tobillo. «He tenido tantos dolores que he llegado a caerme al suelo», cuenta al término de su tercera clase en la Escuela de Espalda de Txagorritxu.
Los médicos de la Unidad del Dolor han derivado a Charo a este servicio para que aprenda a convivir con la dolencia. De momento está contenta. «Ya estoy notando los beneficios. Me enseñan cómo debo andar, qué postura tengo que tener cuando paro en un semáforo, cómo tengo que coger las cazuelas llenas de comida, a hacer ejercicios de relajación para descargar las tensiones», relata. «Por ahora, estoy contenta porque he sufrido mucho... ¿tanto que ha habido veces que me daban ganas de tirarme por la ventana!», exclama.
Junto a ella, Begoña, de 44 años, cuenta su experiencia. Es muy diferente en su origen pero muy parecida en cuanto al historial de dolor. Los problemas le vienen a esta mujer, que prefiere «no salir en la foto», de una rotura de rodilla cuando era una adolescente.
Una serie larga de complicaciones a raíz de la fractura «derivaron en dolores musculares por todo el el cuerpo debido a que pisaba mal». Hará unos cuatro años, le diagnosticaron lo mismo que a Charo, discopatía generativa que afecta al nervio ciático izquierdo» y, «para rizar el rizo, fibromialgia generalizada».
Begoña toma nueve pastillas diarias y dos más si aumentan los dolores. Está de baja. «Las clases me ayudan a protegerme. No sé si me servirán de mucho pero estoy contenta porque, al menos, estoy tomando conciencia de las barbaridades que hacemos con la espalda».