La concesión de complementos salariales a los docentes de la Universidad del País Vasco cambia este curso y da voz al alumno. El pacto firmado el pasado mes de julio entre los sindicatos STEE-EILAS y LAB con el Departamento de Educación y la UPV establece que para otorgar los extras salariales básicos -hasta 3.750 euros al año- se tendrá en cuenta la valoración que hacen los alumnos del trabajo del docente. Los estudiantes ponen nota a sus profesores a través de unas encuestas que rellenan de forma anónima cada año, en las que se les pregunta si el docente asiste a clase, si es puntual, si explica bien, si da buenos apuntes o si sus evaluaciones son justas, entre otras cuestiones.
La consejería que dirige Tontxu Campos se mostró partidaria de que estos complementos salariales más bajos tengan un carácter general -que se concedan a los funcionarios, a personal fijo y a los contratados por su labor de docencia- durante la negociación con los sindicatos, pero no lo puso por escrito en el acuerdo. Condicionó su concesión a unos requisitos que consideraba fácilmente superables.
El acuerdo en el que se recoge ese nuevo sistema de adjudicación de extras salariales indica con claridad que se van a tener en cuenta «única y exclusivamente» dos condiciones. «El cumplimiento sistemático de las encuestas de docencia y ausencia de valoración negativa reiterada», indica el texto por un lado. Educación estudiará las encuestas de docencia recogidas en los últimos cinco cursos para comprobar las notas de los profesores. Si a un profesor le han suspendido año tras año, puede quedarse sin el plus.
El otro requisito es la «ausencia de informe negativo». Que el profesor no haya cometido faltas graves como no acudir a las clases sin justificación o no entregar las notas en el plazo indicado; incumplimientos, además, que suele denunciar el propio alumno. Son situaciones que se dan en muy escasas ocasiones, según fuentes de la UPV.
Un docente con tres años de antigüedad que supere estas dos condiciones cobrará 1.625 euros y si tiene más de siete años de servicios, sumará 2.125 más. De estos extras se podrán beneficiar cerca de 2.000 profesores que hasta ahora no cobraban pluses. En total, serían más de 3.000 los que verían sus nóminas mejoradas con estos complementos básicos, en los que no se valoran otros méritos como la investigación, labores de gestión o trabajos publicados.
Polémica
El sistema que se pondrá en marcha este curso ha despertado recelos en la comunidad universitaria. Los sindicatos CC OO, UGT y CSIF opinan que tomar como referencia esas encuestas de los alumnos puede convertir en «inaplicable» el decreto que regulará la adjudicación de complementos, comenta Gonzalo Maestro, de Comisiones. «Hay muchos profesores que no han hecho esas encuestas; ¿qué pasa con ellos?, ¿y los que suspenden? ¿Y las clases en las que sólo contestan diez alumnos y la encuesta no es válida?», apunta Miguel Henares, de UGT.
Las centrales consideran que la valoración de los estudiantes a los profesores debe utilizarse como referencia para mejorar la docencia en la Universidad, pero «nunca» con el fin de decidir las mejoras retributivas de la plantilla. «Hay muy buenos profesores a los que los alumnos ponen notas bajas porque son muy exigentes. Este sistema puede llegar a repercutir en la calidad de la enseñanza, que el profesor prefiera bajar el nivel para que los alumnos le concedan mejores valoraciones», argumenta José María Guzmán, del CSIF.
Los profesores ya han mostrado sus recelos ante la posibilidad de que los estudiantes utilicen las encuestas sin el rigor suficiente o, incluso, como 'vendettas'. Una docente de Ciencias Sociales y de la Comunicación recibió la visita de dos alumnos que le dijeron: «¿Te vamos a poner mala nota y no vas a cobrar los complementos porque eres muy exigente!».
«No habrá injusticias»
El Departamento de Educación considera que dar valor a la opinión del alumno no va a llevar a cometer injusticias en la concesión de extras salariales. «No es el único criterio para la evaluación del docente. Y sólo se tendría en cuenta en situaciones en las que un profesor suspenda esas evaluaciones de forma reiterada durante años. Es que en ese caso, algo ocurre. Por una encuesta mala o dos no va a pasar nada», aclara Patxi Juaristi, viceconsejero de Universidades.
Juaristi cree que es importante introducir formas de actuación democráticas en la UPV y dar voz a los estudiantes. Y confía en el criterio de los alumnos. «Ninguno se va a ensañar con un buen profesor, por muy exigente que sea. Al final, el estudiante valora de forma negativa al que no va a clase, al que da mal la asignatura. No considera mejor al del aprobado fácil», sostiene.