Domingo, 8 de octubre de 2006
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ÁLAVA
Una bodega en el hoyo 19
El campo de golf de Labastida, a diferencia del de Laguardia, ha encontrado resistencia entre los vecinos
Una bodega en el hoyo 19
LABASTIDA. Manuel H. Osante y Gorka Rivas, de la plataforma Torrolate, pasean por terrenos que ocupará el campo de golf al que se oponen. / AVELINO GÓMEZ
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¿Hay vida más allá del vino en la Rioja Alavesa? Sí, y nace del matrimonio entre el arte y el deporte, entre la arquitectura y el golf. No se había conocido en la comarca una invasión de turistas como la del pasado mes de septiembre, coincidiendo con el inicio de la vendimia y la apertura del hotel-bodega del Marqués de Riscal con la firma de Gehry. Asentada la arquitectura de las estrellas como atractivo añadido, a las bodegas, al edificio del futuro de esta tierra, le faltaba un pilar, el golf, un deporte que mueve dinero antes de empezar y después del hoyo 19.

Cada año se federan para practicarlo 1.000 personas sólo en Euskadi. Un aficionado gasta cada día unos 70 euros y se calcula que son más de 20.000 las entradas al año en una instalación. La combinación 'golf&wine', marca que se ha puesto al proyecto, así en inglés, «es una garantía de futuro para Labastida», asegura su regidor, Ignacio Gil Orive (PP), quien cree con absoluta convicción en ese maridaje de vino y ocio.

La misma idea defiende Javier San Pedro (PP) alcalde de Laguardia. A este bodeguero no le gusta el «turismo masivo y depredador. Prefiero al viajero tranquilo que gasta dinero pero que exige calidad y alternativas: el golf es una», dice este hombre, orgulloso de que las cosas en el Ayuntamiento se han entendido y las Normas Subsidiarias se han aprobado «por unanimidad».

El campo para practicar en Laguardia se ha tenido que plegar a las exigencias medioambientales. Se ha pasado de 675 metros de cota a 625 para no tocar áreas protegidas, se ha reducido el número de viviendas de 500 a 100 y se ha recalificado 1 millón de metros cuadrados, 200.000 menos de los previstos. «Todavía no hay proyecto concreto porque los promotores deben tener el 60% de la propiedad del suelo para empezar a construir. «Afortunadamente, no hay polémica en la calle ni en los despachos. Laguardia está obligada a crecer fuera de la muralla y alejada de ésta. Y los terrenos elegidos son fundamentalmente antiguos campos de trigo», aclara. La Sociedad Landazuri, sin embargo, si se pronunció contra este proyecto en diciembre de 2005.

Pero algo tiene el golf que no lo hace tan popular como el fútbol o el baloncesto, aunque suba como la espuma entre los profesionales y las clases medias, y genere tantas plusvalías. Y el proyecto de Labastida, incluido en las Normas Subsidiarias que están a debate en el municipio, se enfrenta a una dura oposición vecinal que ha creado su propia plataforma, Torrolate, nombre de una fuente del monte Toloño.

Boletines de defensa

Por su parte, el alcalde ha salido en defensa del plan con sus propios boletines -van por el segundo-, lo que indica que va haber una batalla dialéctica.

El campo de golf de Labastida, dentro de las Normas Subsidiarias, va a ser aprobado inicialmente entre octubre y noviembre, momento en el que se abrirá el período de alegaciones durante un mes y luego volverá a pasar el trámite de la Diputación y el Gobierno vasco. «Creo que se puede empezar a construir en 2007 y se tardarán 9 meses», indica Ignacio Gil. Sus argumentos se basan en más riqueza y trabajo para un pueblo que siempre tuvo vocación de lugar de veraneo, de turismo de familia, 10.000 habitantes que sumar a los 1.400 de todo el año.

«El 60 por ciento de las población de la villa trabaja fuera y del 40% restante sólo un 12% se dedica a la agricultura. Necesitamos fuentes de riqueza aparte del vino. ¿Sabe qué beneficio puede llegar a Labastida? Un millón de euros cada año y ahora tenemos dos millones y medio de presupuesto. Será un tractor para revitalizar el pueblo: proyección exterior, nuevos negocios y mejora de servicios», augura Gil.

Para completar el decálogo de bondades, el Ayuntamiento asegura que se reutilizará agua reciclada de la depuradora -el riego es uno de los puntos débiles de la actividad-, para obtener los mil metros cúbicos que se necesitan cada día, por cierto, un consumo inferior al de las piscinas, las primeras de su tipo de la provincia. Gil Orive cree que también se ha superado otra barrera, la ecológica. Un informe de impacto ambiental de la Diputación hacía hincapié en las zonas protegidas que habían sido invadidas por el proyecto. «Recortaremos las 11 hectáreas que afectan a territorio de la red europea Natura 2000, haremos la carretera más pequeña, quitaremos el hotel que irá al pueblo y los 45 'chateaux', chalés de lujo con bodega en medio de fincas de viñedo. Reubicaremos el club social para que no dañe el paisaje y aumentaremos 165 hectáreas de monte público. De los 600.000 metros cuadrados sólo se tocarán 140.000 de 'greens' y 'tees' No vamos a saltarnos la legalidad. Cumpliremos las medidas correctoras», advierte.

Pero estos argumentos, en los que se admite un cambio importante sobre el proyecto inicial, siguen sin convencer a la plataforma Torrolate.

Manolo H. Osante, uno de los vocales de la agrupación, que reconoce su militancia en Ezker Batua y ha conseguido más de 300 firmas vecinales para su causa, considera un «disparate el campo de golf». «El parque de San Ginés, el Toloño..., estos paisajes forman parte de nosotros, de las cosas que queremos. Por aquí paseamos, y nos divertimos, nos juntamos. Si a eso le añadimos el consumo bestial de agua que necesita el campo, el crecimiento acelerado del pueblo, y la impresión de que se especula con suelo rústico, llegamos a la conclusión de que este proyecto no lo queremos para Labastida», concluye. Torrolate ha conseguido el interés del Ararteko por controlar cómo se desarrollan las cosas y cree que el campo «está tocado de muerte», tras el informe de la Diputación.



 
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