Domingo, 8 de octubre de 2006
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ÁLAVA
Celedón pierde a su escolta
José López de Maturana, el policía municipal que ha acompañado al aldeano de Zalduondo desde 1963, se jubila el viernes después de 44 años de servicio
Celedón pierde a su escolta
'Matu' sostiene una estatuilla de la policía de gala. / BLANCA CASTILLO
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Nombre: José López de Maturana.

Lugar de nacimiento: Vitoria, 1941.

Profesión: Policía municipal.

Peculiaridad: no ha faltado a su cita como escolta de Celedón desde 1963. Sólo faltó en 2005 por estar convaleciente de una operación.

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José López de Maturana (Vitoria, 1941) es una leyenda viva. Uno de esos elegidos que tiene la gran fortuna de ver reconocidos en vida su valía, su dedicación y su esfuerzo. Y es que, por más que 'Matu' se empeñe en afirmar que se le ha adjudicado una fama que no merece, lo cierto es que resulta imposible citar las fiestas de la Virgen Blanca sin recordar su impronta. La de quien durante 43 años ha sido el escolta oficial de Celedón en su particular 'vía crucis' hasta San Miguel.

El pasado 4 de agosto, bajo un halo de tristeza y resignación, José López de Maturana escribió el cuadragésimo tercer -y último- capítulo de su historia como guardaespaldas del aldeano de Zalduondo. 'Matu' colgará su uniforme de agente de la Policía Municipal el próximo viernes. Y lo hará para siempre. «Sabía que el pasado txupinazo era la última vez que hacía ese recorrido. No conté los pasos, pero cada uno que daba lo sentía como lo que era, el último», recuerda aún hoy emocionado.

Sobre su hombro se han apoyado -de modo consecutivo- José Luis Isasi, Enrique Orive, Iñaki Landa y Gorka Ortiz de Urbina. Pero 'Matu' no hace distinciones. Para él todos son una misma persona -Celedón- y de todos ellos guarda bonitos recuerdos y sentidos elogios. «Todos son grandes personas, desde Isasi hasta Gorka que es muy buen chaval y lo está haciendo fenomenal».

Sobre su experiencia, 'Matu' podría escribir un libro en el que los buenos recuerdos apenas dejarían espacio a los malos momentos. Y es que, por encima de todo, escoltar a Celedón es para él un «orgullo, un profundo sentimiento que no se puede explicar». Alejado, como es obvio, de cualquier interés económico. «No hay dinero que pueda pagar lo que yo siento durante esos minutos».

Visita al hospital

Por más que sus proezas le hayan costado más de un disgusto. En una ocasión tuvo que visitar el hospital tras sufrir un grave corte en la planta del pie que requirió de nueve puntos de sutura. Fue el único año, 1993, en que Maturana no pudo terminar su servicio. Porque en 2000 -«me volví a cortar ese año»- un torniquete hecho por él mismo nada más aterrizar en la balconada le permitió continuar con su 'faena' hasta que a las once de la noche se personó por fin en Urgencias.

No obstante, los peores momentos los vivió 'Matu' en 1976, cinco meses después de los trágicos sucesos del 3 de marzo. Enrique Orive encarnó ese año al aldeano de Zalduondo en medio de un ambiente convulso. «Después de la bajada, los miembros de la escolta oficial acompañamos a la Corporación municipal en su recorrido hasta el Ayuntamiento. Yo iba abriendo camino cuando en el cruce de Dato con Postas una muchedumbre nos sorprendió. La avalancha me arrastró hasta la cafetería Marañón donde comenzaron a increparme. Podría haberme pasado cualquier cosa pero, por fortuna, todo terminó bien».

Maturana no se cansa de rememorar viejas historias, como el recorrido de 1987, «el último que realizamos con el uniforme de gala». La moda, «importada de Pamplona»,de descorchar botellas de cava tuvo la culpa del cambio a la ropa de paisano. Tampoco olvida el 'paseíllo' de 1986, el más largo de la historia -«tardamos 20 minutos»-, al que contrapone el de este año, cuando se batió el récord alcanzado en 2003 -4 minutos-.

Fue su última gran marca y, sobre todo, la que le devuelve la confianza en que Vitoria pueda volver a ser la «gran ciudad» que un día fue. «Antes -explica- todo era mucho más tranquilo. Las fiestas eran más cálidas y cercanas, sin masificaciones como las de hoy en día. La gente te abría pasillo y se comportaba de manera más civilizada», evoca con cierta nostalgia.

No obstante, y «aunque cualquier tiempo pasado sí fue mejor», 'Matu' confía en que el respeto y el sentido común se apropien otra vez de la fiesta. Él ya no estará ahí para verlo, pero Celedón nunca estará solo. «Mis compañeros velarán por ello». ¿Su consejo para ellos? «Que no se agobien y se sientan orgullosos de contribuir a que la fiesta se mantenga viva». Como vivo quedará siempre su recuerdo.



 
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