-¿Cuál es el mayor problema de los inmigrantes cuando llegan a Vitoria o a algún pueblo alavés?
-El de la regularización. Vienen con la idea de trabajar para mejorar sus vida y la de sus hijos y se encuentran aquí con que no pueden, topan con las leyes y con todas las amenazas de controles. Los momentos más duros para ellos son cuando llegan, porque sus ahorros de años aquí les dan para vivir sólo unos días. Y luego empieza la 'fiesta': no tienen trabajo, ni papeles, ni se pueden empadronar, por lo que tampoco pueden recibir ayudas sociales... Entonces quieren volver.
-¿Volver?
-Sí, claro, pero no tienen dinero para el billete de vuelta. No hay nada creado para el retorno de estas personas. Nos estamos encontrando problemas de depresiones y psicológicos muy importantes. Además, muchos de lo que regresan lo hacen sin dignidad, porque vendieron todo para venir aquí y se han quedado sin nada de nada.
-¿Sabe qué porcentaje de las ayudas sociales va a parar a los extranjeros?
-Eso habría que preguntárselo al Ayuntamiento. Hace algunos años era un tercio, pero ahora no sé el porcentaje. Sería un dato interesante. Mire y si ese porcentaje es importante no tenemos por qué alarmarnos, al contrario, esas ayudas evitan que la gente esté tirada en las calles, viviendo en los puentes, pidiendo limosnas... No olvide que son ayudas de pura subsistencia, no les permiten vivir como reyes. Para salir adelante deben trabajar...
-Y cuando no tienen nada, ni siquiera ayudas ¿qué les queda?
-Se apoyan en otros familiares o compañeros que ya de por sí tienen pocos recursos -fíjese lo que gana por ejemplo una empleada del servicio doméstico- y eso a la larga provoca problemas de convivencia.
-¿A veces eso les arrastra a realizar cosas que no desearían?
-Claro, se sienten como una carga para otros extranjeros, están en una situación que les empuja a hacer cosas que nunca pensaron y que no voy a especificar.
-¿Va a cambiar algo en Vitoria cuando esos 17.000 nuevos vecinos voten?
-Una parte de ellos ya son nacionales y votan. Yo voto y estoy muy contenta. Uno no es ciudadano hasta que no ejerce su derecho a votar, hasta entonces son vecinos, no nos equivoquemos con la terminología. Cuando los extranjeros den más votos, quizá los partidos les tendrán más en cuenta.