Las graves imputaciones realizadas por Emilio Olabarria contra mi persona y el Ayuntamiento al que represento, sobre un pretendido ofrecimiento del municipio para la ubicación de la ATC (Almacén Temporal Centralizado) de los residuos nucleares de todo el país, me lleva a reflexionar sobre la forma de actuar del ser humano en política.
Todo comenzó con la intención del Gobierno central de buscar un emplazamiento para centralizar dichos residuos, obligado a buscar una solución urgente por la negativa francesa a seguir almacenándolos y la prevista devolución de los ya acumulados a los países productores, por una parte; y por otra, por la preocupación de la Asociación de Municipios Afectados por Centrales (AMAC), que agrupa a 68 municipios, ante la peligrosa situación actual de acumulación en las propias centrales y la necesidad de garantizar una mayor seguridad.
Esta preocupación fue recogida por los grupos del PSOE, CIU y PNV en el Congreso de los Diputados, quienes presentaron una proposición no de ley instando al Gobierno a crear una comisión interministerial encargada de establecer los criterios del lugar en el que se ubicase el ATC.
Sabedor de lo anterior, si además el señor. Olabarria hubiese realizado un sencillo trabajo de investigación, contrastando sus informaciones antes de lanzar sus insensatas acusaciones para obtener réditos políticos, esta polémica absurda no hubiese tenido lugar. Los niveles de protección medioambiental de este municipio son tales que harían inviable la instalación del cementerio nuclear. Entre parque natural; LICS (lugares de interés comunitario); ZEPAS (zonas de especial protección para aves), y terraza del Ebro (con un rigurosísimo control por parte de la Confederación Hidrográfica contra cualquier filtración contaminante), prácticamente todo el territorio está protegido.
Por otra parte, las Normas Subsidiarias, o planeamiento general urbanístico, del municipio, aprobadas el pasado año por un período de ocho años, prohíben expresamente el desarrollo de cualquier actividad contaminante. Por si todo ello fuese poco, están los PTPS y los PTSS que impedirían a la Diputación y al Gobierno vasco conceder los permisos pertinentes.
La política municipal en materia medioambiental es pública y notoria. Cabe recordar que el 97% de los vecinos consultados votó, de manera secreta, a favor de la ampliación del Parque Natural de Valderejo en un proceso pionero, no descartándose que en el futuro pidamos el reconocimiento como Reserva de la Biosfera. También somos de los pocos ayuntamientos pequeños que tienen la Agenda Local 21, mediante la cual estamos participando activamente en Udalsarea.
Con esta forma de proceder se elude el debate de fondo: ¿qué modelo de sociedad queremos?; ¿con qué tipo de energía la vamos a mantener y qué precio vamos a pagar?; ¿quién se va a cargar con los residuos y cómo nos solidarizamos con quienes soportan los centros de producción y los cementerios de deshechos? Nadie los quiere, pero nadie quiere renunciar al crecimiento económico ni al bienestar. Nadie quiere energía nuclear, ni más pantanos y presas, ni centrales térmicas contaminantes, pero tampoco queremos que nos instalen parques eólicos o eras solares en nuestro municipio.
Este es un debate sesudo, complejo e impopular dependiendo de la postura que se defienda. La Unión Europea está profundizando en el desarrollo sostenible, en conceptos de energía inteligente, buscando formas para que los países las apliquemos. Ese debate si es necesario y por ello participamos activamente en los foros en los que se plantea.
Estoy acostumbrado a la vida pública y acepto la crítica, pero llevo muy mal que impliquen a mi familia y es esto lo que alguien, escudándose en el anonimato, ha hecho. En una llamada telefónica a mi domicilio particular, una de mis hijas ha tenido que soportar una amenaza de esta guisa: «Dile al de tu padre que si se le ocurre traer el cementerio a Valdegovía se va a acordar». Con esto no quiero acusar al señor Olabarria, sino hacer una reflexión sobre las consecuencias de las actuaciones políticas en general.
Los seres humanos somos muy complicado y tendemos a recorrer caminos tortuosos. Siempre desconfiamos de la sinceridad de los demás.
Posiblemente la víspera del Alderdi Eguna alguien le contó al señor Olabarria una serie de milongas sobre mi persona y mis intenciones sobre el almacén de vertidos tóxicos. Este, en lugar de contrastar las confidencias o de llamarme personalmente para cerciorarse, que hubiese sido lo ético si tanto le preocupan el bienestar de Valdegovia y de Álava, lanzó públicamente las conocidas acusaciones en una entrevista en Radio Euskadi el domingo día 25.
El día del Alderdi Eguna el PNV abrió la campaña electoral a ayuntamientos y diputaciones y el señor Olabarria se lo tomó al pie de la letra sorprendiéndonos negativamente, ya que a los cargos públicos se nos debe suponer y exigir ponderación, prudencia y ética. Creo que debería haber sopesado las consecuencias al crear una alarma social injustificada.
En lugar de rectificar ha decidido aquello de 'mantenella e no enmendalla'. Trata de quitar importancia a su equivocación tachando a mis declaraciones de irrelevantes y se aferra al clavo ardiendo de las respuestas del Gobierno que como ya sabía no le iban a dar la razón.
Para finalizar, me voy a permitir sacar a colación una cita de Virgilio en la 'Eneida' al hacer excusarse a Dido por su severidad diciendo : «La dura ley de la necesidad, en los principios de un reinado, me obliga a estas cosas y a mirar mucho por la seguridad de mis confines». ¿En sus manos está, señor Olabarria!