Domingo, 8 de octubre de 2006
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OPINIÓN

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OPINIÓN/Hipótesis
Cuando Teseo se adentró en las profundidades del laberinto del Minotauro lo hizo guiado por una hipótesis: que el hilo que le entregó Ariadna le permitiría encontrar el camino de salida tras matar al monstruo. También fue una hipótesis la que llevó a Colón a embarcarse en su arriesgada singladura, descubriendo al cabo nuevas rutas a nuevos mundos. Porque una hipótesis no es una simple ocurrencia, una elucubración sin fundamento alguno; tampoco es, simplemente, un futurible. Una hipótesis es una respuesta probable a un determinado problema. Idealmente, se trata de una propuesta de solución altamente probable: entre dos posibles respuestas, escogeremos siempre como hipótesis aquella cuya probabilidad parece mayor. Por supuesto, toda hipótesis debe ser verificada: para eso está. Pero no hay verificación posible que no parta de una hipótesis previa. Este es el fundamento de la actividad científica.

Se dice que Zapatero está impulsando el llamado proceso de paz fiado exclusivamente a algunas hipótesis, especialmente a aquella que apunta a la posibilidad de que Batasuna haya decidido actuar como una fuerza política normalizada y ETA esté dispuesta a acompañarla en tal decisión procediendo a su disolución. Hay quienes critican esta política del Gobierno por estar fundada exclusivamente sobre hipótesis sin una sólida vinculación con «hechos precisos». Sin embargo, y reconociendo todo lo que de razonable tienen estas opiniones, yo me pregunto: ¿acaso existe otra forma de afrontar esta situación que no sea abriendo un prudente proceso de verificación de la auténtica voluntad de ETA a partir de la hipótesis de que ésta se encuentra, y así lo ha interiorizado, en fase terminal? O de otra manera: ¿de verdad no existen hechos precisos que permitan sostener, con un grado de probabilidad suficiente, la hipótesis del final de ETA?

La NASA acaba de presentar el primer censo de agujeros negros activos que rodean la Tierra, encontrando que son más de doscientos. ETA ha sido siempre nuestro particular agujero negro. Su opacidad ha permitido la generación de un extenso plantel de 'expertos' en las más diversas facetas de la organización terrorista (sus orígenes, sus rupturas, sus motivaciones, sus estrategias, su evolución, su relación con otras instituciones políticas, religiosas o sociales), cuyas opiniones, sin embargo, aclaran más bien poco sobre la cuestión que hoy más nos importa: ¿podemos estar, y por qué, en los umbrales del final definitivo de la violencia terrorista en Euskadi? Lo cierto es que hasta el momento, que sepamos, ETA no ha aclarado si está dispuesta a aceptar el único final que puede aceptar el Estado de Derecho, la voluntad democrática de la ciudadanía y la memoria debida a las víctimas.

¿Puede el final que queremos para ETA conciliarse con el final que la ETA actual puede asumir? Este era, creo yo, el espíritu de la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados en 2005. Y verificar esta hipótesis es la obligación del Gobierno. i.zubero@diario-elcorreo.com



 
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