Cuando se quieren criticar los controles de velocidad y el uso de radares se utiliza a veces, tanto en medios de comunicación como en ámbitos privados, el argumento de que es un mero instrumento de recaudación de las administraciones de Tráfico. Y tienen razón: nos gusta recaudar. El objetivo de esas medidas de control es aumentar la recaudación... pero de vidas salvadas y de lesiones medulares evitadas, de familias no destrozadas por la pérdida de un ser querido, de menos gastos sanitarios en recuperación de heridos, e incluso de menos horas de atascos en carretera causados por siniestros.
En materia de seguridad vial está casi todo inventado. En el País Vasco, Gobierno vasco, diputaciones y ayuntamientos, junto con algunos organismos privados, trabajamos de forma conjunta y ordenada a través de un Plan Estratégico de Seguridad Vial que concluye este año y que dará paso a un nuevo programa para los años 2007-2010. Estos planes aprovechan las mejores iniciativas de nuestro ámbito y de los líderes mundiales en seguridad vial como Holanda, Gran Bretañas o Suecia. Nuestra propia experiencia y la de esos países avanzados dicen que el control permanente, y en especial la vigilancia de los límites de velocidad es la herramienta más eficaz para reducir accidentes.
En el País Vasco hemos conseguido, entre todos y además en pocos años, no sólo bajar la velocidad media de circulación y calmar el tráfico, sino extender el rechazo social hacia los que se dedican a correr por encima de lo permitido. Acortar tiempo en los viajes ya no es, en general, motivo de orgullo entre familiares y amigos. Asimismo existe una opinión generalizada de que se circula más despacio y con mayor respeto a las normas y señales y en definitiva a los demás usuarios de la carretera. Se puede afirmar que hemos progresado en seguridad vial de forma significativa.
Todo ese cambio se ha traducido, por ejemplo, en la recaudación de 96 vidas que habríamos perdido en las carreteras interurbanas de Euskadi si en 2005 hubiésemos seguido con la tendencia y el comportamiento al volante de hace una década.
Quizás sea en parte inmoral cuantificar el valor de la vida humana. Pero nos puede ayudar a considerar la importancia de este cambio. La Unión Europea introdujo en 1997 como valor oficial de la vida humana la cifra de un millón de euros al analizar la relación coste - beneficio de la acciones en Seguridad Vial. Sin pararnos a actualizar ese valor, podemos afirmar que el año pasado en el País Vasco hemos ahorrado 96 millones de euros.
Es una cifra significativa pero pequeña si la comparamos con lo que realmente vale la vida de un hombre o una mujer, desde el punto de vista puramente humano. Los que han sufrido directa o indirectamente una tragedia en la carretera no necesitan más explicaciones. Los demás se pueden hacer cargo sin añadir otros argumentos.
Volviendo al control de la velocidad y al uso de radares para vigilar el comportamiento de conductores y conductoras, llama la atención que la supuesta impopularidad de esos aparatos de vigilancia no debe ser tal si nos fijamos en algunos datos. Por ejemplo, el radar fijo de la BI-637, situado en el barrio de Artaza (Leioa-Bizkaia) y que este año ha sido el más activo con 21.000 multas hasta septiembre revela que sólo 1,2 de cada 1.000 vehículos que pasan por allí son denunciados por exceso de velocidad. El resto de usuarios de esa vía, un 98,8 %, circula en general a una velocidad adecuada.
Creo que tiene que ser tranquilizador que la mayoría del tráfico transcurra en condiciones de seguridad y que sólo un pequeño segmento de los que utilizan el volante infrinja las normas. Nuestro objetivo es que el conductor o conductora que incumple reiteradamente salga de la carretera, tenga un tiempo de reflexión y de reeducación y pueda volver a conducir cuando haya demostrado su voluntad de respetar a los demás y respetarse a sí mismo.
Esa es básicamente la terapia que nosotros desde el Gobierno vasco apoyamos a través de los planes estratégicos y que se está viendo impulsada con el nuevo carné por puntos. Los radares no dejan de ser la cirugía, generalmente dolorosa, dentro de esa terapia de la seguridad vial que incluye, por supuesto, acciones preventivas como la educación vial, la información al usuario o la mejora de las infraestructuras, por ejemplo.
Estamos por el buen camino y mientras la investigación o la experiencia no nos digan lo contrario seguiremos utilizando los radares como herramienta de prevención de accidentes. Vamos a seguir por tanto en ese empeño de recaudar vida.