Tal vez yo lo estoy viendo de forma incorrecta, pero por más que pienso no logro comprender qué será de las ciudades de este país, del mundo, como siga proliferando en nosotros la pasión por comprar y utilizar a todas horas el coche, tanto si lo necesitemos como si no. Hay familias que tienen tres y cuatro coches y todavía les quedan hermanos pequeños para los que en cuanto abandonen la escuela, cosa que harán rápidamente, y se incorporen al mercado de trabajo, los padres adquirirán uno más.
No los culpo, a veces el lugar de trabajo dista kilómetros del hogar y no hay forma humana de desplazarse por otros medios. De hecho el aumento de coches en nuestras ciudades no se produce tanto como consecuencia del amor desaforado que tenemos al coche sino, más bien, por una falta de planificación que compete a las autoridades y que de algún modo tendría que preceder al permiso de obras.
Es la misma incongruencia que contemplamos en la publicidad de los automóviles, que nos prometen potencia y libertad, cuando sabemos que la potencia no la podemos utilizar porque por más que el coche pueda alcanzar los 200 km/hora, las leyes nos prohíben ir a más de 120, y en cuanto a la libertad, es una especie de entelequia que sólo sirve para hablar de ella porque los embotellamientos feroces en los que nos metemos todos los días no tienen nada que ver con la libertad.
En Madrid, por ejemplo, se van a construir unas torres que, dicen, serán las más altas de España, de Europa, del mundo, enclavadas en el puro centro de una ciudad que ya está completamente colapsada. Sé que hay aparcamientos horadados en las entrañas de la tierra, pero me pregunto: ¿Por dónde circularán cuando los ciudadanos se dirijan a la oficina por unas vías que ya hoy están totalmente colapsadas buena parte del día?
¿No sería más útil que tanto las grandes torres de oficinas, como las casas adosadas, como los nuevos barrios, tuvieran que conseguir infraestructura de servicios públicos como condición previa al permiso de construcción?
La única solución al caos que día a día se extiende por el país reside en el transporte público, siempre que los dirigentes políticos crean en él y dediquen muchísimos más recursos a una red que llegue a los suburbios y a los barrios.
Metros en las ciudades, mayor frecuencia de trenes entre poblaciones es lo que necesita nuestro presente, mucho más que aparcamientos, autopistas o autobuses que no hacen sino aumentar un tráfico que nos está encadenando al asfalto y al infarto.