Domingo, 8 de octubre de 2006
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Otro naufragio de España
Las dudas y el miedo de Luis Aragonés, cuyo proyecto agoniza, alejan a la selección de la Eurocopa con una derrota sin paliativos ante Suecia
Otro naufragio de España
FUERA DE SITIO. El delantero del Atlético de Madrid Fernando Torres se hartó sin éxito de correr y de pelear los balones aéreos. / REUTERS
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LO MEJOR LO PEOR SUECIA

ESPAÑA
Quedan nueve partidos

Todavía restan encuentros suficientes como para que los hombres de Luis Aragonés puedan reaccionar y clasificarse para la Eurocopa. Está muy difícil, pero no imposible.

Errores y sensaciones

España no funciona. En Estocolmo, dos errores graves en defensa le costaron sendos goles. Su juego nunca tuvo suficiente claridad de ideas para remontar el partido. Entrenador: Lars Lagerback Entrenador: Luis Aragonés

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Del absurdo a la desesperación. La España del confuso y atribulado Luis Aragonés cosechó en Estocolmo su segunda derrota consecutiva en la fase de clasificación para la Eurocopa. Ni con Raúl, ni sin Raúl, ni con 4-3-3, ni con 4-4-2, ni con tres defensas, ni con gaitas. La selección prosigue su terrible agonía. Parece haber entrado en fase terminal y sólo Luis y Villar decidirán si quieren dejar de sufrir. Por no tener, ya no tiene ni una pizca de suerte. Es la viva imagen de la derrota, de los perdedores, de los tristes. Hasta los árbitros la tratan como un equipo menor.

El guión esbozado por Luis en la pizarra quedó hecho trizas en apenas diez minutos. Es el peligro que tiene salir a jugar sin personalidad, en función del rival y con un miedo atroz a perder. En ese lapso quedó claro que la correosa Suecia, discreta pero fiel a su estilo y conocedora de sus virtudes y defectos, no iba a arriesgar lo más mínimo y que los españoles se conformaban con tocar en zona de nadie, guardar la ropa y evitar el contragolpe local. Si luego Villa o Torres podían enganchar alguna, miel sobre hojuelas. ¿Qué hubiera ocurrido si España hubiera arrancado a atosigar al rival, a presionarle arriba? Nunca se sabe, pero al menos la sensación hubiese sido otra.

Salvo el estéril toquecito hispano, no hubo noticias en Rasunda antes de que, a los diez minutos, Elmander, un veloz y fornido delantero que se curte en el Toulouse, se aprovechara de una tremenda indecisión para internarse sin oposición y batir a Casillas, mal colocado. Timoratos, inseguros, nerviosos y atenazados, los de Luis dudaron entre salir a presionar o recular. Y en el fútbol, como en la vida, quien no tiene claro lo que hace, pierde. Con el resultado adverso, la Eurocopa algo más lejos, el campo en mal estado y el rival crecido, tocaba sufrir, remar contracorriente.

Era el momento de demostrar que este equipo y este técnico no estaban muertos, de que se unieran, de que sacaran bemoles. Pero quedó patente, al menos en toda la primera parte, que no había un plan B. Luis intentó corregir sobre la marcha, pero o no le oían, o no le entendían o, simplemente, no le hacían ni caso. Ni Villa ni Torres venían a recibir entre las líneas como el de Hortaleza exigía desde el banquillo, ni Cesc, perdido en el flanco izquierdo, se asociaba con Xavi. El seleccionador, ya desesperado, tuvo que llamar a la media hora a Puyol para que transmitiera sus instrucciones.

Un auténtico caos

España fue un puro caos. Puyol y Juanito no estaban acoplados. Ramos entraba a todas, pero seguía a disgusto como lateral. Capdevila no sabía ya si defender o atacar... En el medio, a Albelda, fuera de forma y de sitio, ya no le servía juntarse a los centrales. Cesc deambulaba entre la nada, Angulo se preocupaba más de cerrar que de abrir y Xavi no conectaba con los delanteros. Torres, una vez más, se mataba a correr, generaba expectación, pero no terminaba las jugadas. Y Villa, ni por asomo era el del Valencia.

Con tal descontrol, lo mejor que podía ocurrir era que llegara el descanso. En el vestuario debió haber discusión, bronca. Era una situación límite y no quedaba otra que hacer algo, que como mínimo echarle casta. Luis retiró a Cesc y apostó por Iniesta. Y enseguida ordenó salir a Capdevila, una de sus novedosas apuestas, y entrar a Puerta. ¿Un sub'21 era el idóneo para arreglar la crisis? Ni Luis lo sabe. Y, con media hora todavía por delante, el tercer cambio. Fuera Angulo, que no respondió ante su gran oportunidad, y dentro Luis García. España ya jugaba con tres defensas.

Ante un rival que odiaba la pelota, empezaba a acusar su enorme esfuerzo y sólo pensaba en guardar su exigua renta, tal y como quedó patente cuando Lagerback retiró a Ljungberg, España mejoró sus prestaciones. Dominó por completo, se ubicó mejor y por fin hizo sufrir a los escandinavos. Pero Shaaban evitó el empate al desviar un remate a bocajarro de Torres y un tiro envenenado de Villa. El portero de origen egipcio, suplente habitual de Isaksson, estuvo inmenso. Y tuvo fortuna, y vio hasta un gol fantasma tras remate de Puyol. Cuando los españoles se lamentaban, Allback les hundió al contragolpe.

Naufragio en el Báltico. Villar y Luis, tanto monta, monta tanto, tienen la palabra. Los jugadores, por lo visto ayer, no. De hecho, huyeron en estampida por la puerta de atrás sin atender a la Prensa. Tan sólo habló el joven Puerta, triste por debutar con una derrota. Casi un centenar de frustrados seguidores españoles despidió el autocar del equipo al grito de «Raúl, Raúl», mientras clamaban por la dimisión del seleccionador y del presidente de la Federación. 0 2



 
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