A pesar de las ausencias, José Ángel Iribar no alberga ninguna duda sobre la competitividad de la selección catalana de fútbol. Es consciente de la calidad que atesoran los jugadores que no estarán esta tarde sobre el césped del Camp Nou -Xavi, Cesc o Luis García-, pero piensa que el combinado de Pere Gratacós dispone de la suficiente profundidad en su plantilla y de la necesaria armonía entre líneas como para ser considerado un rival temible. «La selección de Catalunya es un equipo muy equilibrado que además va a jugar con el impulso de su público», explica el seleccionador de Euskadi, cargo que comparte con Mikel Etxarri.
En este sentido, el mítico portero rojiblanco prefiere que sus futbolistas centren sus esfuerzos en mejorar sus mecanismos colectivos, en ofrecer un buen rendimiento de grupo y en asentarse bien sobre el campo, antes que preocuparse por lo que puedan hacer los futbolistas catalanes a nivel individual. No en vano, después de las bajas que ha sufrido en la última semana, la alineación de Pere Gratacós -como la de Euskadi- sigue siendo una incógnita.
Sin embargo, Iribar llama la atención sobre determinadas características de Catalunya que sus jugadores deberán tener en cuenta en el partido de hoy. «Dispone de centrocampistas, como pueden ser Gerard (Mónaco) y Roger (Ajax), con una muy buena visión de juego y con un gran disparo. Es un equipo al que, si le dejas pensar, te puede hacer mucho daño», subraya.
«Salir al contragolpe»
Con todo, Iribar también encuentra vías de agua en la nave catalana. De hecho, está convencido de que su equipo puede contrarrestar y hasta anular la creatividad de su centro del campo con una decidida y «fuerte presión». En esta línea, el técnico concede una especial importancia al «contragolpe». Y es que las características del juego de Catalunya, aplicadas sobre un terreno de juego de grandes dimensiones, como es el Camp Nou, hacen que las acciones de contraataque adquieran una relevancia singular.
El entrenador de la tricolor, además, señala otro factor al que sus jugadores deberán agarrarse para tratar de superar la defensa rival: la velocidad. Iribar, que ayer dirigió un entrenamiento de casi dos horas en la nueva ciudad deportiva del Barcelona y no en el miniestadi, como estaba previsto, piensa que la altura y la corpulencia de los defensas catalanes puede ser superada con rapidez de movimientos. «Por ahí les podemos hacer daño», apunta.