A las instituciones sociolaborales vascas les es aplicable más que nunca durante las últimas semanas el viejo y pesimista 'principio de Peter', que viene a decir que «ninguna situación es tan grave que no sea susceptible de empeorar». El Consejo de Relaciones Laborales (CRL), el Consejo Económico y Social (CES), la Fundación para la Formación Continua (Hobetuz), el Consejo General de Osalan, el Consejo Vasco de Empleo... Todos esos organismos tienen en común la presencia de sindicatos y empresarios, un pasado de crisis más o menos grave y el empeoramiento de su situación a medida que transcurre el tiempo. Hasta tal punto que, en varias ocasiones, sus miembros e incluso sus máximos responsables han dudado de su utilidad.
Nacidas para dar participación a los agentes sociales en materias de su competencia o para que sirvan de foro de diálogo y encuentro, aunque algunas cosecharon algún un éxito importante hace años, en los últimos tiempos son más causa de tensión y de enfrentamientos que de consenso.
Unas relaciones laborales extraordinariamente tensas entre la patronal y los sindicatos -más con unos que con otros-, la existencia de cuatro centrales importantes, con la inevitable competencia entre ellas, y la lógica confrontación de intereses entre representantes de los empresarios y de los trabajadores han convertido estas instituciones en un foro de desacuerdo permanente, que amenaza su viabilidad. Además, en algunas de ellas -Hobetuz, CRL y CES-, las decisiones se toman por mayoría de cada uno de los grupos que las componen, lo que en la práctica supone otorgar el derecho de veto a la patronal Confebask y al tándem ELA-LAB, que en este tipo de instituciones van de la mano. Esa capacidad de bloqueo dificulta sobremanera la consecución de acuerdos, aseguran especialistas consultados.
CRL
Sin presidente y sin ELA
La última crisis que ha saltado a la palestra es la del CRL tras el anuncio del sindicato ELA -mayoritario en el País Vasco, con un 40% de representación- de abandonar la institución al considerar que no puede estar en la misma junto a representantes de la patronal vizcaína Cebek, que ha cursado una demanda penal contra afiliados de la central nacionalista que integraron piquetes en la huelga del sector de hormigones y canteras de 2002.
Este organismo estaba ya 'tocado del ala' desde que su presidente, Martín Auzmendi, pidiera ser relevado del cargo el pasado febrero tras haber roto ELA con él relaciones «en el ámbito confederal» por discrepar en cómo gestionó un arbitraje sobre la huelga de 'Caballito', el conflicto laboral más largo de la historia de Euskadi. Pero, ya mucho antes, la falta de acuerdos en la entidad habían puesto en entredicho su viabilidad.
El último pacto que lograron sindicatos y patronal en el CRL fue en 1999: el denominado Acuerdo Vasco por el Empleo. Con anterioridad, figura en su haber el Preco, procedimiento para resolver conflictos laborales, que sigue gestionando en la actualidad. Otra misión importante de la institución, la de emitir informes y dictámenes a petición del Gobierno y el Parlamento vascos, se traduce con frecuencia en desacuerdos y, por tanto, en la falta de documentos conjuntos merced al sistema de votación ya citado.
Y si hay que atenerse al CRL como foro de encuentro y diálogo, las noticias que de él trascienden son, con mucha frecuencia, enfrentamientos y críticas entre sus miembros.
Pero el Consejo de Relaciones Laborales también presenta una faceta más eficiente en otra tarea, como la gestión del Preco o el seguimiento del panorama sociolaboral vasco, con minuciosos análisis periódicos de la negociación colectiva y del mercado de trabajo, que se han convertido en referencias ineludibles para estudiosos y profesionales.
Sobre su futuro, con casi la mitad de la representación sindical ausente, se cierne ahora el problema de la renovación del presidente. Si los consejeros no se ponen de acuerdo antes de seis meses para proponer un nombre, el lehendakari tendrá vía libre para designarlo.
CES
Utilidad en entredicho
Puede decirse que el CES está en crisis desde el mismo momento de su nacimiento por 'parto múltiple'. Han sido necesarias tres leyes diferentes para habilitar una fórmula que le permitiera funcionar y, tras una década de andadura, es su nuevo presidente, Antxon Lafont, quien se pregunta sobre la utilidad del mantenimiento del organismo cuando, según su argumentación, en el plazo de un año emitió un solo dictamen con un presupuesto de 1,9 millones de euros.
En el Consejo Económico y Social, además de patronal y sindicatos, está un tercer grupo compuesto por diversas instituciones socioeconómicas; y otro de expertos, que tiene voz, pero no voto. Sin embargo, adolece de los mismos problemas en la toma de decisiones: cada bloque tiene capacidad de bloqueo por sí mismo, lo que ralentiza, cuando no paraliza, los trabajos. Esta circunstancia ha convertido en el pasado la tarea de sus presidentes en un verdadero alarde de diplomacia y mano izquierda.
En este caso, el presidente y el secretario son designados de forma rotatoria por los grupos que lo forman, lo que resuelve el siempre espinoso asunto del consenso sobre sus responsables, pero crea otros agravios. Por ejemplo, CC OO y UGT, que juntos suman más de un tercio de la representación sindical vasca, no acceden nunca a ningún puesto porque, al igual que en Hobetuz, la mayoría que tienen en ese colectivo ELA y LAB -cinco miembros de ocho- les cierra el paso.
En el organismo se reproducen los intereses enfrentados que se dan en el CRL, por lo que los acuerdos de calado son extraordinariamente difíciles de alcanzar. Curiosamente, una de las pocas cosas en las que se suelen poner de acuerdo sus consejeros -y también en el CRL- es en las crítica a los proyectos del Gobierno en los correspondientes dictámenes.
CONSEJO GENERAL DE OSALAN
En el ojo del huracán
El Consejo General de Osalan es el órgano encargado de aprobar los programas de actuación del Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales, entre otras funciones. Sus reuniones se cuentan por desacuerdos, pese a la urgencia de adoptar medidas consensuadas que reduzcan la alarmante y escandalosa sangría de accidentes de trabajo. Por ejemplo, los planes generales de los últimos años han sido duramente criticados por las centrales por unas causas u otras. Y, además, existe otro contencioso sobre competencias, merced al cual el Gobierno autónomos, presente en el organismo, y los sindicatos ELA y LAB rechazan elaborar proyectos financiados por la Comisión Nacional de Seguridad y Salud Laborales. Cada año se pierden por esta causa decenas de miles de euros, que podrían ser dedicados a mejorar la situación de la seguridad en el trabajo en Euskadi.
Esta institución, al contrario que otras, adopta sus decisiones por mayoría de sus miembros -Gobierno vasco, sindicatos, patronal, cooperativas-, lo que le permite, pese a las críticas, poner en marcha sus polémicos planes.
CONSEJO VASCO DE EMPLEO
Con los días contados
El Consejo Vasco Empleo (CVE), con sólo dos años de vida como foro de debate de las políticas de esa materia, despertó desde el principio las críticas de los sindicatos y de la patronal -miembros de la institución, junto a las administraciones públicas vascas- por muy diferentes causas. Hasta ahora sólo se ha reunido una vez, la de su constitución, a la que no asistieron ELA y LAB.
Este organismo, que ha tenido diversas regulaciones antes de echar a andar y quedarse parado, tiene los días contados, ya que será sustituido por el Consejo Asesor de Empleo, con una composición más amplia, en la futura Ley Vasca de Empleo, según los borradores conocidos de la misma.