Al mal tiempo, alegría y jotas. Con este buen ánimo homenajearon ayer a la Virgen del Pilar los cientos de aragoneses y vitorianos que asistieron a misa en la iglesia de los Desamparados en un día plomizo y lluvioso que no logró aguar el espíritu festivo de esta cita anual. Un año más, la parroquia contó con invitados especiales llegados desde Huesca para acompañar en esta jornada de añoranzas a las setenta familias mañas afincadas en la capital alavesa. «Ha sido un viaje relámpago, pero merece la pena sólo por ver las caras de alegría de nuestros compañeros», reconoció Abel González, uno de los 40 joteros del grupo de Tamarite de Litera.
Las flores a lo largo del pasillo de la abarrotada iglesia llenaron de color y aroma el templo, engalanado para la ocasión no menos que el manto de La Pilarica, que lucía claveles, rosas y lirios. Durante la misa baturra, laúdes, guitarras y bandurrias rindieron rítmica pleitesía a la patrona de Aragón.
Entre el tumulto, los paisanos echaron de menos a algún que otro amigo. «Se nota que este 'puente' de cuatro días ha animado a muchos a marcharse a tierras aragonesas», observó al final de la homilía José María Arbex, presidente de la Casa de Aragón de Vitoria.
Pero los que quedaron dejaron bien alto el pabellón. Desafiando al implacable sirimiri, cientos de aragoneses desfilaron por las calles del centro de Vitoria entonando a coro los temas más populares de su patria chica. Hasta la pequeña Irene Pardos, en brazos de su padre, ataviada con traje regional, pañoleta y alpargatas se atrevió a piropear a la protagonista de la jornada. «Le hace mucha ilusión ponerse el vestido tradicional, lo lleva en la sangre desde muy pequeña», explicó, orgulloso, su padre Diego.
'El paragüero viene...'
«'...el paragüero se va...'». El coro invitado animó a sus seguidores a cantar sus canciones preferidas hasta llegar a la plaza de España. Allí bajo los arquillos, llegó lo mejor: las siete jotas bailadas. 'La danza de los pañuelos', 'La corona', 'San Lorenzo'...Las danzas aragonesas cautivaron al multitudinario público que se guarnecía en los soportales.
Y es que, la exhibición prevista en la plaza de la Provincia tuvo que realizarse a cobijo. «¿Vaya por dios...!», lamentó Gaspar Algarate, vicepresidente del hogar aragonés, acostumbrado a que la lluvia le haga la gracia. «El tiempo siempre lo complica todo», puntualizó.
Eso a los bailarines baturros tocados con el típico cachirulo no les restó ni pizca de gracia. «Para bailar una 'Guara' hay sentir la química», explicó Beatriz Castel, mientras se acurrucaba junto al danzarín Nacho Rondella en un pasodoble a la aragonesa. Los esfuerzos les fueron recompensados con una copiosa comida de hermandad en el Mesón Araba.