Un quirófano para sanar el patrimonio de la Diputación con soporte de celulosa. Ésta es la mejor definición del taller de restauración de papel de la Diputación. «Cualquier fondo de los museos, en especial el de Naipes, de los archivos o de las bibliotecas puede terminar aquí», dice con cierto agobio el técnico especialista en la materia, José Cortés.
No le falta razón. Además de libros, legajos, incunables y códices, por su manos pasan barajas y todo tipo de obra gráfica, como dibujos, grabados, litografías, fotografías y negativos. Se atienden también ciertas peticiones de los ayuntamientos y de otras instituciones. Le sobra trabajo.
Entre las últimas piezas que han pasado por sus manos figura un incunable del Seminario Diocesano. Se trata de una biblia sacra de 1487 impresa en Venecia. «Me he tirado con ella medio año», detalla Cortés. También le ha llevado su tiempo una baraja española del XVII, que vio la luz en Madrid, así como el árbol genealógico de los ascendientes del General Álava desde el XVI a 1814.
El especialista en papel del taller foral de restauraciones se ocupa también de todos los elementos que caen en sus manos se guarden después en buenas condiciones. Así, destaca que «de un momento a otro se va a empezar a sustituir el embalaje de 2.000 barajas. Se guardarán envueltas en fundas de papel dentro de cajitas de cartón troqueladas sin ningún tipo de añadido metálico o plástico porque cualquiera de estos elementos termina por dañarlas».
Entre las últimas piezas que ha restaurado figuran también unos papeles pintados del siglo XVII, que decoraban el interior del sagrario del altar del Dulce Nombre, en la catedral vieja. «No se van a volver a pegar. Se enmarcarán para mostrarlos en la zona expositiva que va a tener el templo».
A José Cortés le preocupa cómo se almacena cualquier patrimonio cuya base es el papel. «Las condiciones medioambientale deben ser adecuadas y hay que retirar grapas, clips o gomas, porque con el paso del tiempo se degradan y causan males mayores», advierte.