No se ha hecho esperar. El 'efecto Gehry' es ya una realidad que sacude con fuerza a toda la comarca de la Rioja Alavesa. Desde la sierra de Cantabria hasta la de La Demanda y Los Cameros. Apenas cuatro días después de que los Herederos de Marqués de Riscal descubrieran al mundo la imponente Ciudad del Vino que el artista canadiense ha levantado para ellos en Elciego, el coloso de titanio se ha encaramado a la cima de los más renombrados sin apenas despeinarse.
La repercusión del nuevo edificio ha sido tal, que ayer Elciego recordaba más a una ciudad de peregrinación que a una pequeña localidad vinícola de apenas mil habitantes que era hasta ahora. Decenas de coches y autobuses se las ingeniaban como podían para encontrar aparcamiento -las plazas del interior del recinto están reservadas para los empleados del hotel y de la bodega-, mientras riadas de personas enfilaban los arcenes de la carretera hasta el acceso principal.
No todos consiguieron entrar. «Imposible hacerlo sin cita previa. Estamos desbordados», explicaban los responsables apostados frente a la gran valla de hierro forjado que impedía el paso. «Nos hemos quedado con las ganas. Por fuera, el edificio es una maravilla y nos hubiera encantado ver la bodega y los recovecos del hotel, pero otra vez será», se consolaba un resignado Ginés Soriano.
A la espera de esa próxima ocasión, Ginés y el resto de sus compañeros de viaje, asturianos todos ellos, tuvieron que conformarse con imaginar la «grandeza» de la nueva bodega de Riscal echando mano de los testimonios de quienes, más previsores, llegaron a Elciego con la cita ya confirmada. Fue el caso de Pepita Gómez y Mari Carmen Pons, dos turistas de Valencia, que admitían sin rodeos que la titánica «melena» de Gehry era «de lo mejorcito» que han llegado a conocer.
¿Su única pena? «No haber podido visitar el hotel, ni tan siquiera la cafetería. Te muestran las dos bodegas, pero del hotel, ni un ápice. Por 6 euros, qué menos que dejarte echar siquiera un vistazo...», se quejaban estas dos amigas.
«Nuevo Manhattan»
Turistas aparte, el exquisito tándem que forman la arquitectura de vanguardia y el vino de calidad ha encontrado en los vecinos de Elciego a sus máximos defensores. Su pueblo se ha convertido, de la noche a la mañana, en un lujoso escaparate con capacidad para atraer al turista más sibarita. Con todo lo que ello conlleva. «Aquí todo el que viene gasta algo. Poco o mucho, siempre deja dinero», afirma Jesús Ruiz, a quien, como a muchos de sus vecinos, aún le cuesta creer que su pueblo se haya convertido en una especie de «nuevo Manhattan».
Desde el punto de vista estético, a Jesús le horroriza el monumental edificio firmado por el arquitecto canadiense -«parece que han roto 200 millones de latas y las han reciclado como tejado»- pero «lo importante -apunta- es que va a dar un gran empujón al pueblo». No sólo a él. También las localidades cercanas han comenzado a sacar provecho del creciente turismo. Basta echar un vistazo a las cifras de ocupación de hoteles y restaurantes de la zona durante el 'puente' festivo para valorar el 'efecto Gehry' en su justa medida. Y es que, de jueves a sábado, Elciego y Laguardia han conseguido colgar el cartel de 'no hay billetes'. «Ni un solo sitio para comer, ¿Usted sabe lo que es eso para la zona?».
Un filón. El mismo que se abre para Jaime Riofrancos y Cristina Sangroniz. Ellos no son hosteleros, sino los propietarios de la vinoteca 'La ermita', enclavada en el centro de la localidad. Otro templo gastronómico convertido en parada obligada para los miles de turistas que, desde el pasado martes, se han dejado ver por allí. «Llevamos dos meses abiertos y aunque antes se veían turistas, se ha notado el 'boom' de la inauguración de Riscal. Y además ha sido 'puente'».
Ahora sólo queda esperar y comprobar si, como dice Gehry, su obra, como el vino, mejora con los años. El tiempo lo dirá.