Martes, 24 de octubre de 2006
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ECONOMÍA
Álava debe contar
Crear un escenario que favorezca la inversión productiva, lograr un auténtico pacto de país y resideñar la formación, claves para ganar el futuro
Álava debe contar
MERCEDES. Un operario en la cadena de montaje de la Vito. / NURIA GONZÁLEZ
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La comunidad científica parece estar de acuerdo en que los rasgos principales que caracterizan la evolución económica de un territorio en el ciclo largo son la demografía, el PIB, la productividad y la innovación. Unas variables que, a su vez, dependen de factores como la tasa de inversión en capital o el stock de capital social. Para hacer un análisis riguroso de la evolución de Álava y del País Vasco debemos tener en cuenta la evolución absoluta y la relativa, es decir, la comparación con otras regiones de nuestro entorno. Y el hecho es que en el último medio siglo la población del País Vasco se ha doblado, pasando de un millón de habitantes a poco más de dos, mientras España ha pasado de 28 a casi 42, y la Unión Europea de 267 a 381. Bien es cierto que en 1950 representábamos el 3,7% de la población española, y en 2002, el 5%. Es relevante saber que este crecimiento se produce principalmente en el desarrollismo franquista (1950-1975). Luego el crecimiento demográfico vasco es inferior al del resto de España: de 1975 a 2002 aumentó un 3,7% frente al 17,8% del Estado.

Lógicamente, el factor demográfico determina la evolución del mercado de trabajo (M T), que sigue una evolución paralela. La tasa de actividad del País Vasco fue similar a la española de 1950 a 1975. Pero entre 1995 y 2002 creció un 20,75% en España y un 8,64 aquí. La situación de menor crecimiento del empleo, principalmente industrial, con respecto al resto del Estado, se consolida en los años de la transición política donde los vascos perdemos peso demográfico y empleo en términos relativos.

Si atendemos al PIB, tanto España como el País Vasco lo multiplican por diez entre 1950 y 2002, mientras la Europa de los 15 lo hace por siete. De nuevo, el período 1950-1975 fue el más espectacular con una tasa anual acumulada del 6,68%, llegando a crecer el sector industrial el 8,32%, en los dos casos por encima de la media estatal, aunque los crecimientos de Madrid y Baleares fueron superiores. El crecimiento más notable de todo el período en PIB y renta familiar se dio en Álava. En la transición, el crecimiento vasco es la mitad del español. Sólo Álava se mantiene sobre la media.

Los crecimientos de renta familiar bruta disponible y la convergencia en renta con Europa son rasgos relevantes del período 1995-2002. Debemos tener en cuenta igualmente el crecimiento del consumo en especie, también llamado salario diferido, que son los bienes y servicios públicos consumidos y no pagados en el mercado. En este caso, los vascos nos situamos a la cabeza del Estado, gracias al Concierto Económico.

Es innegable el importante crecimiento que el País Vasco ha experimentado en los últimos 50 años, aunque sería excesivo calificarlo de espectacular ya que sigue las pautas de España y de la Europa occidental, nuestro espacio socioeconómico natural. Ni en España, ni en la Europa de los 15 somos la región que más ha crecido. Y nuestro peso relativo en lo social y en lo económico se mantiene o tiende a disminuir un poco.

Debemos afinar un poco más para analizar el principal 'motor' del crecimiento económico, medido por un indicador, la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF). Resulta ilustrativa la evolución de la FBCF-PIB, ya que se ha mantenido por debajo de la media estatal hasta 1997, año en el que por primera vez la tasa de inversión del País Vasco supera la del Estado. Pero la FBCF tiene un componente productivo y otro patrimonial que sólo indirectamente contribuye a crear riqueza. Podríamos utilizar la metáfora de que el primero es 'músculo productivo' y el segundo 'tejido adiposo' que permitirá sobrevivir cuando no haya alimento. Resulta un tanto sorprendente comprobar que de 1996 a 2001, el crecimiento medio de la inversión productiva es del 22% en el País Vasco y del 28,7% en España. Sin embargo, la patrimonial alcanza el 53,7% en el País Vasco y el 33,6%, en España. Si profundizamos, comprobaremos que la inversión productiva en el País Vasco está muy concentrada en cinco o siete ramas. El caso de Álava es aún más llamativo, ya que una rama, automóviles y sus piezas, representa el 39,6%.

Paradójico escenario inversor

Este paradójico escenario inversor debe tener alguna explicación. El estancamiento de la tendencia inversora a partir de 2002, que parece romperse en 2005 (estimaciones), nos indica que la caída del margen de beneficio, sobre todo en la industria, tiene mucho que ver. De 1995 a 2001, el excedente unitario ha caído en el País Vasco un -6,4%, siendo el resultado estatal un -0,8%. La productividad en el sector manufacturero sólo aumentó el 0,16% anual, mientras que en Cataluña lo hacía al 1,79% y en Madrid al 0,98%. Así, de 1995 a 2001 ha desaparecido el mayor valor añadido unitario de la industria vasca sobre la estatal a favor de otras regiones.

La racionalidad económica orienta al inversor hacia la inversión patrimonial (construcción) y el mercado anima la inversión en 'utilities' y 'commodities', pero no hacia la inversión productiva. Puede haber otras variables sociopolíticas que influyan contribuyendo a frenar más la inversión productiva -conflictividad sociopolítica o sindical-, pero no son determinantes.

Un factor clave de crecimiento, es la inversión extranjera directa (IED). Entre 1989 y 1995, el País Vasco se situaba en quinto lugar con el 3,20%, siendo Madrid el primer tractor de inversión extranjera (41,70%), seguido de Cataluña (29,30%). En el siguiente sexenio (1995-2001) el País Vasco pasa a la tercera posición con el 5,30%, pero Madrid alcanza el 65,4% y Cataluña cae al 16,50%. No obstante, el País Vasco tiene un potencial de atracción de inversión exterior directa que nos sitúa en segundo lugar, tras Madrid, lo cual significa que algo frena la inversión extranjera aquí.

En mi opinión, la menor inversión productiva interior y exterior se debe esencialmente al aumento de los costes de producción relativos -principalmente los laborales-, a la pérdida de competitividad reflejada en la caída de de cuota de mercado exterior y a la disminución de la productividad relativa de nuestra industria que impide la absorción del incremento más que relativo de los costes unitarios de producción. El coste laboral por hora en el País Vasco alcanzaba en 2004 el 91% del coste laboral por hora (CLH) de la UE, reduciéndose la diferencia a 2 euros. Con respecto al resto del Estado supera el CLH en un 24,5% en 2005, pagando 4,2 euros más.

¿Cómo se han aguantado estos costes? Pues en el período 1995-2000 nuestro VAB creció un 46,8% y los costes laborales un 39,7%, lo cual nos permitió un crecimiento del excedente bruto del 70%. Es decir, los incrementos de productividad y de valor añadido compensaron el incremento de costes laborales. Pero entre 2000 y 2003, el gasto de personal creció un 18,6% y el VAB un 6,3%, y el excedente cayó un 8,3%. Si añadimos que el precio del petróleo se ha cuadruplicado en siete años y las materias primas metálicas han crecido un 50% en tres, entenderemos que el deterioro de la rentabilidad en la industria explica suficientemente la disminución de la inversión productiva en el País Vasco. Este aumento de los costes de producción ha disminuido nuestra competitividad en los mercados exteriores, deprimiendo aún más el margen de beneficio de nuestra industria. Con tasas de rentabilidad media del 5% al 10% es muy difícil atraer la inversión a la industria, ya que existen opciones mucho más rentables.

Existe un consenso social, político y científico que sitúa a la inversión en I+D+i como la solución a nuestros problemas. Es cierto, hasta donde sabemos, que la innovación nos permitiría aumentar la productividad para absorber nuestros altos costes laborales y aumentar el valor añadido de nuestros productos para mejorar nuestra competitividad y nuestra cuota de mercado exterior. Pero la clave es cómo desencadenar la espiral inversora en la industria siendo su tasa de rentabilidad relativa más baja que en otros sectores y sus costes unitarios más altos; esto sin tener en cuenta que, a corto o medio plazo, la inversión productiva es más rentable en otros territorios externos al País Vasco y a Europa.

Pero veamos dónde estamos situados con respecto a la inversión en I+D+i. En el período 1995-2000 la I+D pasa del 1,12% respecto al PIB al 1,42%. Pero a partir de 2000 se estanca y permanece sobre el 1,44% (en paralelo al estancamiento general de la inversión productiva). En términos relativos, el esfuerzo en I+D vasco es superior a la media estatal, pero inferior a la media de la Europa de los 15. Si tenemos en cuenta exclusivamente la inversión de las empresas vascas nos acercamos más a la media europea.

La evolución de la productividad es coherente con la de la inversión. Entre 1995 y 2000 se incrementa a un ritmo del 1,2%, y entre 2001 y 2005 se reduce al 0,8%, siendo empujada por el incremento de la productividad en los servicios, ya no en la industria. De nuevo, la posición del País Vasco se sitúa en la media de las regiones industriales europeas: ni somos campeones (ni en España ni en Europa) ni estamos mal; tenemos problemas comunes derivados de la pérdida de competitividad relativa de la industria en Europa y tenemos las virtudes y ventajas del prodigioso ciclo consumista e inmobiliario que tiene en España su mejor representante, siendo los vascos partícipes y protagonistas de este llamado 'milagro español'.

Siendo bastante buenos los datos de crecimiento del PIB, empleo, recaudación de impuestos, consumo, inversión, etcétera y un poco peores los de inflación y exportación, ¿por qué nos empeñamos algunos en decir que el modelo de desarrollo económico español y vasco están agotados o en crisis? La ciencia económica nos dice que la capacidad competitiva del futuro depende de la inversión productiva del presente, pudiendo ser medida su evolución por los incrementos de productividad y de valor añadido. La industria y los servicios de alto valor añadido son capaces de convertir la información y el conocimiento en productos y servicios en escalas de tiempo cada vez más cortas con lo cual se convierten en el núcleo duro de la Nueva Economía o del nuevo modelo de desarrollo.

Es innegable que en este último medio siglo hemos acumulado una importante riqueza, hemos incrementado el capital social y nos hemos convertido en una sociedad industrializada e incluso postindustrializada, a pesar de nuestro déficit en servicios avanzados. Tendríamos mucho que discutir sobre nuestro grado de cohesión social y de salud medioambiental. Podemos dejarlo en que hay voluntad política y social de alcanzar los niveles más altos de Europa, los nórdicos. Sin caer en el síndrome del pueblo elegido, ni tampoco en el dantesco del terrorismo y del enfrentamiento social, podemos afirmar que el País Vasco está en una situación óptima para coger el tren de la Nueva Economía si conseguimos derribar ciertos obstáculos y hacemos las apuestas económicas correctas.

Las apuestas de futuro

En primer lugar es necesario crear un escenario financiero-fiscal que favorezca la inversión productiva frente a la patrimonial. Incluso preferentemente a 'utilities y commodities', que son sus derivadas primeras. Es cierto que esta tarea es más competencia del Estado y de la Unión Europea que de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

En segundo lugar es necesario hacer un auténtico 'pacto de país' a tres bandas -Gobierno vasco, patronal y sindicatos- para corregir el rumbo negativo de los costes de producción unitarios y comprometer a los inversores privados en un proyecto de país compartido. El clima de conflictividad laboral y el continuo desencuentro entre sindicatos y patronal sobre el proyecto económico y empresarial de futuro puede convertirse en un hándicap insuperable para la segunda transición económica.

En tercer lugar es necesario rediseñar el modelo de Formación-Ciencia-Tecnología poniendo a la Universidad en el centro. Para ello será necesaria una revolución del modelo universitario, que deber ser consensuado con los agentes económicos y con la sociedad. Pero no será posible revolucionar la Universidad sin hacerlo previamente con el conjunto del sistema educativo. Antes de correr hay que aprender a andar. Los finlandeses, los holandeses o los suecos empezaron reformando el sistema educativo antes de plantearse el reto tecnológico. Es simplemente falso que tengamos la juventud mejor formada de nuestra historia. Un sistema que no produce más de 75 titulados al año en Física y Matemáticas, y que encima es incapaz de colocarlos en su oficio; una universidad que no produce patentes, unos centros tecnológicos que parecen no incidir en el aumento medio de la productividad y del valor añadido, no nos permiten afirmar que Euskadi va bien. Y la situación actual no se va a arreglar sólo con más presupuesto.

Lo siento si alguien se molesta, pero hasta que la ciencia, principalmente la Filosofía, la Física y las Matemáticas, no sean el corazón de nuestro sistema educativo, no seremos nadie en ciencia y tecnología por mucho dinero que nos gastemos en I+D+i. Si no aprendemos a pensar, conociendo el lenguaje de la ciencia y los nuevos paradigmas científicos que nos abren las puertas de un nuevo mundo, no tenemos futuro entre los 'decisores'. Seremos 'currelas' de lujo, pero siempre dependiendo de otros, aunque seamos muy independientes políticamente.

En cuarto lugar, es necesario contar con Álava. Este territorio ha sido el máximo exponente del 'milagro económico vasco', tanto en el período del desarrollismo franquista como en la transición, y a partir del periodo 1995-2005 está siendo apartado de los núcleos decisionales económicos y políticos. Ni el Estado, ni la Comunidad Autónoma del País Vasco apuestan por Álava. Nuestro territorio está siendo perjudicado, si comparamos su evolución con las comunidades uniprovinciales de su entorno: Navarra y La Rioja. Desde el punto de vista infraestructural, logístico, medioambiental, etcétera, es un territorio clave como pieza que articula el País Vasco con el principal eje de desarrollo económico de España: Madrid-Zaragoza-Barcelona. Me atrevo a decir que esta discriminación -o este absurdo error- no tiene color político. Lo han cometido el PSOE, el PP y el PNV. Y sin Álava no será posible esa segunda transición económica que acertadamente pretende el lehendakari.

Esto no exime de responsabilidad al escaso liderazgo institucional alavés y al complejo social de inferioridad que no produce otro resultado que el lloriqueo. Álava ha desaprovechado muchas oportunidades que otros no han dejado pasar, y esto es perjudicial para la provincia, y para Euskadi.

Un ejemplo, el Gobierno vasco embarcó a este territorio en el tema de biotecnologías (Leia) y luego apostó por Bilbao. Nos embarcó en la aeronaútica (CTA) y posteriormente localizó ITP en Bilbao. Ahora dice que apuesta por un centro de tecnologías de energías renovables, pero MCC (primer actor) ya ha creado su centro en Mondragón. Iberdrola (segundo actor), de momento, sigue apostando por Vizcaya. Si no fuera por Grajales (ex Gamesa y Guascor), Álava ni se hubiera enterado de que tenía una posibilidad en esta industria con enorme potencial de futuro. La Diputación foral de Álava parece no enterarse de cuándo y por dónde pasan los trenes de futuro. Pero no es menos llamativo el pasotismo del Gobierno vasco y el desamparo de la Administración del Estado. Quizás es que aún no se han enterado de que nadie puede vivir de su pasado por muy glorioso que haya sido.

 
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