Miércoles, 18 de octubre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

ÁLAVA
60 Aniversario del Correo de Álava . La conquista de la libertad
Cuatro sedes, siete delegados, y una larga lista de redactores y trabajadores son la historia viva de 21.915 días de EL CORREO de Álava
«Posiblemente, en noviembre se inaugurarán 38 viviendas del grupo de casas Ramiro de Maeztu». Este era el principal titular, el 18 de octubre de 1946, de la página 'Ayer en Vitoria' de EL CORREO ESPAÑOL-EL PUEBLO VASCO. Una crónica que hablaba de una necesidad, de un derecho que sigue sin solucionarse 60 años después. Como un vaticinio. Fue el comienzo de una intensa vinculación entre un diario y una capital y su provincia que lo tienen como su periódico de referencia. Una historia que se escribió primero en letras de plomo y ahora, también, vía Internet. 21.915 días conquistan- do espacios de libertad, explicando cómo cambian el mundo y Álava.

Fue Alejandro Echevarría Zorrozúa, director gerente y consejero de Bilbao Editorial, quien intuyó que Vitoria, entonces con apenas 54.000 habitantes, podía ser un mercado de futuro al no existir más que el vespertino El Pensamiento Alavés. Echevarría, un hombre extraordinario y ocurrente, que acabaría residiendo en Vitoria como director general de Imosa, fabricante de la popular furgoneta 'decauve', encargó al mejor periodista de la época, Hilario Dorao, la creación de una delegación de EL CORREO en Álava. Dorao (1901-1972), un maestro nacional hijo de Luis Dorao, ex diputado general y antiguo director de La Libertad, tenía entonces 46 años y había sido presidente del Alavés.

La censura

En aquella ciudad de rancho y rosario, Hilario superó con creces la barrera de la censura franquista. Sin embargo, el periodismo no daba para vivir. Dorao debió simultanear EL CORREO con un empleo como cajero del Ferrocarril Vasconavarro, con una imprenta y con colaboraciones con otros medios. Fue una autoridad en temas deportivos y permaneció al frente del periódico durante más de veinte años. «Entusiasta, voluntarioso, prolífico, trabajador, inquieto y con unas excelentes relaciones en la ciudad». Así le definían sus compañeros.

Venancio del Val fue el primer colaborador de Hilario Dorao. Le siguieron Ángel Viribay, Carlos Pérez Echevarría, Cayo Luis Vea-Murguía y Javier Sedano, en la redacción, y Federico Arocena y Goyo Quejarazu para las fotos. Ellos formaron el primer equipo de pioneros sobre el que se basó la expansión del diario. «Era un periodismo de mucho esfuerzo y pocos medios. Escribíamos en nuestra casa y el teléfono era la herramienta fundamental. Andábamos como locos, del Ayuntamiento al Gobierno Civil, y de la Diputación al cuarto de socorro. Todo debía estar terminado para llevarlo a casa de Dorao y que saliera en autobús a Bilbao a las cuatro de la tarde», recordaba Del Val en una entrevista antes de su fallecimiento en 2005. «Era el famoso sobre con las crónicas y las fotos. Y así siguió hasta bien entrados los ochenta», recuerda Pepe Gómez, que se incorporó en 1959.

La Leika de Arocena

«No había ni objetivos ni flashes buenos Así que nos teníamos que pegar a los personajes para sacar una foto», rememora Federico Arocena. Con una Kodak Retina de fuelle y una clásica Leika alemana salieron las primeras imágenes de la edición alavesa.

El periódico, al ser el único matinal, comienza a tener una gran aceptación entre los vitorianos. «Los deportes y la vida social eran muy importantes, pero cuando se notaba la fuerza del periódico era en las grandes tragedias. El crimen del bar Carabanchel o el accidente de los camiones de butano en Zaramaga», recuerda Pepe Gómez.

En 1963 se adquiere una planta baja en el número 49 de la calle Dato. Posteriormente se ocupó otro piso en el número 5 de la misma calle, encima de la cafetería Ilo-Ilo. En 1967, Venancio del Val sustituyó a Dorao al frente del equipo. Seis años más tarde, Pedro Morales Moya asumió la jefatura. «Mi época fue de transición», resume. La difusión de entonces alcanzaba ya los 13.281 periódicos. El franquismo se extinguía y la sociedad alavesa, adormecida durante decenios, daba signos de vitalidad.

Ángel Arnedo, en la actualidad director del diario, fue el artífice de la gran reestructuración que transformó una edición escrita con más entusiasmo y pasión que medios en un periódico profesional. «Cuando llegué solamente había un redactor en plantilla, una persona en teletipos y un administrador, José Luis Pérez Echevarría. Los demás eran colaboradores. Entre ellos, el entrañable Pepe Gómez. Cuando me fui a Bilbao en 1984 había 19 personas en plantilla y una nueva sede, en la calle Postas, 36», resume.

La muerte de Franco, la Transición política, los principios de la Autonomía y de los ayuntamientos democráticos, quedaron reflejados en aquellas páginas que ya habían pasado al formato tabloide.

Ángel Arnedo, al que le gustaba oír el tableteo incesante de las viejas olivetti desde su despacho sin ventanas de la calle Dato, afirma que «se hacía, y se hace,un periodismo de calle, pegado a la realidad, crítico y muy profesional. Éramos una referencia obligada en los cenáculos políticos y fuimos capaces de remover instituciones ancladas en el pasado o hacer cuestaciones populares con éxito, como la de la restauración de la Virgen Blanca tras una agresión vandálica».

En 1984, Carlos Roldán, asumió la delegación después de trabajar nueve años como redactor. «Afrontamos la consolidación del periódico y una revolución tecnológica que no ha parado desde entonces. El fin de la máquina de escribir y de los teletipos de papel perforado y el comienzo de la era de los ordenadores. Tuvimos que aprender muy deprisa», dice Roldan, actual director de El Norte de Castilla.

A mediados de los noventa, EL CORREO hizo realidad un proyecto largamente acariciado por su equipo directivo: convertir su exitosa edición alavesa en un periódico integralmente alavés. «Buscábamos que todas las secciones del periódico, de la primera a la última página, reflejaran la actualidad de nuestra gente», recalca Juan Carlos Martínez, director de EL CORREO de Álava entre 1994 y 2002.

Ese año, Alberto Ayala asumió la dirección del rotativo. «Nos enfrentamos a cambios vertiginosos. Hoy el Grupo Vocento en Álava ya no es sólo el periódico. Están también El Correo Digital, Álava 7 Televisión y Punto Radio que, con distintos lenguajes, hacen lo que deben hacer los buenos periodistas: contar las cosas que pasan con rigor, independencia y honestidad», concluye.

 
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