Martes, 24 de octubre de 2006
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SIGLO XXI
De la tragedia a la esperanza
De la tragedia a la esperanza
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No pudo empezar peor la década y el milenio. El 22 de febrero de 2000 ETA ponía fin a su tregua de catorce meses y asesinaba a Fernando Buesa, portavoz parlamentario socialista, y antes vicelehendakari y consejero vasco de Educación, y, particularmente, diputado general de Álava. El de Buesa fue un crimen de honda repercusión local. La división que se manifestó en la manifestación de repulsa y duelo, con un nacionalismo que la trató de convertir en un acto de partido, reanimó toda una mirada localista que parecía pretérita. La división entre nacionalistas y no nacionalistas, acentuada con una extensión de la violencia terrorista al conjunto de la sociedad y, a otro y muy diferente nivel y más tarde, con la estrategia de acumulación de fuerzas en torno al llamado Plan Ibarretxe, dio lugar a una escisión social inédita, que en Álava propició un sólido control de las grandes instituciones y la vida pública por los no nacionalistas. Sólo las medianas y pequeñas localidades alavesas, la mayoría, quedaron en manos nacionalistas. También la Caja Vital pasó a ser presidida por Pascual Jover, cambiando así la línea política mayoritaria anterior en la entidad.

Este inapropiado escenario político ha constituido, sin embargo, el telón de fondo de importantes transformaciones sociales en Vitoria y en Álava, muchas veces conducidas aparentemente al margen del dictado público. En la capital se ha producido una radical mutación de su plano urbano. Cuando estaba a punto de terminarse la nueva Vitoria del norte, el barrio de Lakua-Arriaga, con sus 40.000 habitantes, arrancaron otros dos nuevos al Este y al Oeste, Salburua y Zabalgana, para sorpresa de propios y, sobre todo, de extraños. Vitoria vuelve a ser 'la ciudad de las grúas', lo que no evita que siga en el podio nacional de coste de la vivienda. En paralelo, toda la trama norte se trastocó con la apertura del gran centro comercial El Boulevard de Vitoria-Gasteiz, que suponía también otro cambio de política respecto del 'cuerdismo', refractario a ese tipo de actividades dentro de la urbe.

El derribo del viejo 'escaléxtric' del Alas, aquel monumento a la Vitoria industrial de los sesenta, era toda una rúbrica de la nueva ciudad. Como lo fue la apertura del Artium, en 2002, en una zona de gran densidad, a caballo entre los barrios clásicos del Este y el Casco Medieval. Aquí despegaba la gran operación en torno a la catedral de Santa María, enorgulleciendo a los vitorianos, pero todavía no del todo a algunos de sus inmediatos vecinos de la vieja Gasteiz. El recién aprobado plan especial de rehabilitación del Casco Histórico (PERI) debe meter el bisturí en una olla a presión con tantas posibilidades de desarrollo como de deterioro absoluto. La gran biblioteca universitaria de Las Nieves cerró por el Sur el dibujo de la ciudad, a la espera de la recuperación del espacio que ocupan las vías con el siempre prometido soterramiento ferroviario, una operación realmente histórica si acaso un día la vemos realizada.

Mientras, el tranvía ha iniciado sus obras y anuncia su intención de unir extremos de una ciudad que ha dejado ya de ser pequeña y transitable sólo a pie. Sobre la mesa queda el debate acerca de los centros de la urbe, si ha de ser sólo uno y tradicional o si tiene que ser multicéntrica. La pastosa polémica sobre el Auditorio podía haber sido una oportunidad para aclarar posiciones. No ha sido así hasta ahora, y para las municipales del año próximo se buscarán adornos retóricos que esquiven ese acertijo.

La carestía de la vivienda

Es tal la potencia de la ciudad que ha acabado por alterar la provincia. La vivienda cara ha expulsado a muchos vitorianos que han 'invadido' el entorno rural propiciando incrementos poblacionales ajustados o disparatados en Treviño, Alegría y Elburgo, en Nanclares o en Murgia. A la vez, los pueblos se incorporan a un estilo urbano y asemejan ciudades en sus nuevas construcciones, por ejemplo en Salvatierra. Las comunicaciones mejoran -la actualización de la vieja N-1 a Miranda está a punto- y ello desdibuja la divisoria entre el campo y la ciudad. No se reequilibra así la provincia, algo muy difícil, pero se propicia un 'mix rururbano' muy destacable. Más allá de esa realidad mundana, los años de gloria del vino han puesto a la Rioja Alavesa en el universo mundo con sus internacionales y sofisticados arquitectos: Gehry, Calatrava, Moneo, Quemada, Aspiazu... Arasur, en el estratégico lugar donde la vía a la península y al Mediterráneo se encuentran en el extremo suroccidental, trata de explotar el valor de Álava como histórico cruce de caminos.

La Álava y la Vitoria del XXI arrancan siglo con fuerza y con la emoción de los cambios. La economía va y, a pesar de que ésta no asegura la felicidad eterna, estamos en términos casi de paro técnico, que no conocíamos desde los fabulosos sesenta. Nuestras grandes multinacionales amenazan de cuando en cuando con las eventualidades de la dichosa mundialización, pero los atractivos del lugar siguen siendo muchos. Ese es el 'efecto llamada' que trae a la provincia el doble de inmigrantes que a los otros territorios vascos. Eso y un gasto en servicios sociales muy superior al de nuestros vecinos. Por eso la nuestra empieza a ser una sociedad abierta y diversa, con todas las oportunidades para todos que ello supone, si se atienden los problemas lógicos de integración que ello también conlleva.

Al cabo de tres años de no tener que velar crímenes terroristas, la esperanza de un futuro sin ETA ha alimentado hasta las posibilidades de un increíble turismo provincial. El Baskonia gana ligas y copas, y pasea nuestro nombre por el continente. El Glorioso, en aventureras manos, se cuece en el infierno de la Segunda. El Concierto Económico se firmó para siempre, y así queda de una vez al albur de la armonización fiscal de una Europa realmente unida. Problemas de gente corriente. Los únicos que pretenden tener los alaveses cuando la eterna y criminal tragedia que han sufrido por generaciones no sea más que un mal recuerdo.

 
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