Sin sorpresas. El jurado popular que desde el pasado martes enjuiciaba al hombre que mató a golpes a su padre el 21 de julio de 2005 en la localidad alavesa de Maeztu declaró ayer culpable de un delito de homicidio a Jesús María D.C., de 39 años. Con el veredicto ya emitido, el imputado se enfrenta a nueve años de cárcel pactados desde el inicio del juicio por el Ministerio Fiscal y la defensa del imputado.
El acusado, que confesó el crimen el mismo día del homicidio y avisó personalmente a la Ertzaintza, asumió el fallo del jurado con el mismo aplomo que había mostrado durante toda la vista. Antes de escucharlo, reiteró que su padre, Maximiniano D.S., de 74 años, «maltrataba» a su madre, a su hermana -ya fallecida por una enfermedad- y a él mismo desde hacía más de tres décadas. «Cuando piensen en mí, vean la víctima que hay dentro», rogó al tribunal.
El día de los hechos, y tras una nueva discusión entre su padre y su madre, Jesús María llamó a la Policía autónoma, que se personó en el lugar, pero no arrestó a Maximiniano y le citó a declarar al día siguiente en el Palacio de Justicia de Vitoria. El enfrentamiento se reavivó tras la marcha de los agentes, y el agresor hirió a su esposa en el muslo con un teléfono. La mujer huyó y se encerró en una habitación, momento en el que Jesús María salió de otra estancia al escuchar gritos y se quedó a solas con su padre.
El jurado considera probado que el agresor aprovechó su gran corpulencia para propinar una paliza mortal a su progenitor en la cocina. A continuación, se fue a cenar a un restaurante cercano frecuentado por un ertzaina que conocía. Una camarera le escuchó decir que quería «celebrar algo» y le sirvió en una mesa foie, langostinos y una chuleta. Cuando apareció el policía, el autor del asesinato le confesó su crimen y le llevó a ver el cadáver, tras lo que fue detenido sin oponer resistencia.
Paliza brutal
Antes del veredicto, la sesión de ayer sirvió para escuchar los testimonios de los forenses que realizaron la autopsia al cuerpo de la víctima. Los expertos confirmaron con datos la brutalidad de la paliza. Maximiniano presentaba los dos maxilares de la cara fracturados por los golpes, que también habían desencajado la dentadura postiza del fallecido, cuyos enganches metálicos perforaron su lengua. Al mismo tiempo, el esternón tenía dos roturas y el pecho presentaba signos evidentes de la brutalidad con la que se empleó el agresor. De hecho, el anciano tenía fracturadas todas las costillas del lado izquierdo y otras diez del derecho. Además, el hígado estaba desgarrado y el páncreas había estallado.
La acusación y la defensa asumieron el veredicto del jurado y solicitaron una pena de 9 años de cárcel para Jesús María, que deberá esperar a la decisión final del presidente del tribunal. La representante del Ministerio Fiscal remarcó que el autor de los hechos «se erigió en juez y verdugo de su padre, y nada justifica esa conducta». Su abogado remarcó que el imputado «no podía controlar sus impulsos porque tenía mucha rabia contenida».