Viernes, 20 de octubre de 2006
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ÁLAVA
Los mejores amigos
Mari Carmen, José Antonio y Blanca ayudan a personas con problemas de salud mental a sentirse un poco menos solas
Los mejores amigos
Algunos de los tutelados viven en pisos de Apdema. / B. CASTILLO
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Mari Carmen Ibáñez de Garayo y José Antonio Armentia quedan los miércoles con Ana y Juan, un matrimonio muy especial. Esta última pareja se conoció en un piso de la asociación Apdema, se enamoró y se independizó. Ambos trabajan, llevan su casa y de vez en cuando viajan solos, pero necesitan ayuda para un sinfín de tareas cotidianas, entre ellas la de de administrar dinero. Y un poco de compañía que les ayude a salir del aislamiento social.

Mari Carmen y José Antonio empezaron a salir con ellos hace cuatro años, después de que una amiga les animara a hacerse delegados tutelares. «Al principio nos asustaba, porque no sabes muy bien cómo tratarles, pero enseguida aprendimos que teníamos que hacerlo con cariño, teniendo en cuenta que son especiales», relata Mari Carmen.

Aunque las reacciones de la pareja son impredecibles, los voluntarios ya lo tienen asumido. Quedan para tomar un café o para pasear y Mari Carmen y José Antonio llevan el peso de la conversación. «Son muy reservados, pero eso pasa con todos», comentan.

Juan y Ana les invitan a comer cuando cumplen los años y reciben con ilusión contagiosa los pequeños regalos que les hacen en fechas señaladas o al regreso de unas vacaciones. Y ellos saben responder. Cuando viajan, también vuelven con detalles para sus tutores y siempre que se cruzan con algún conocido les presentan orgullos. «Mira éstos son mis amigos», dicen.

Blanca Fernández de Gorostiza también es delegada tutorial, aunque con personas con enfermedad mental. Después de dos años en esta nueva misión -«llevo desde la Primera Comunión como voluntaria»-, esta jubilada se siente muy bien acogida entre las personas a las que ayuda. «Es importante que vean que no están solos, que alguien esta ahí pendiente de ellos», resume.

Esta enérgica mujer espanta con un par de frases todos los prejuicios sobre los enfermos mentales. «Quien se asusta es que no les conoce: tienen un corazón enorme y una gran necesidad de estar con otras personas. Se sienten desplazados», defiende. A su juicio, su gran lección es «que crean un lazo muy especial y aprendes que todos somos válidos e iguales».

 
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