Aunque están cortadas por el mismo patrón, Marcelo Díaz asegura que «no hay dos despedidas iguales». Cambian el escenario, los comensales y hasta la cena. Pero lo que «nunca» suele variar en toda buen sarao prematrimonial es el postre: una tarta de formas eróticas que endulza la velada de los futuros esposos y toda su cuadrilla. Rectangulares con protuberancias femeninas y con sabor a nata o a trufa de cholate, para ellos. Para ellas, algo más explícito: «un gran pene de chocolate relleno de leche condensada», explica Marcelo Díaz.
Aunque a algunos les pueda resultar soez, lo cierto es que el postre erótico es «lo más esperado» en este tipo de cenas. «Hemos llegado a hacer una tarta de setenta raciones», asegura el gerente de Show Time. Y no había setenta invitados.