Domingo, 22 de octubre de 2006
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ÁLAVA
Tebeo, te leo
Pedro Palacios guarda en su domicilio más de 2.000 historietas, desde ejemplares de los años veinte hasta los últimos éxitos de Ibáñez
Tebeo, te leo
Pedro Palacios muestra algunos de sus tesoros. / BLANCA CASTILLO
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Lugar de nacimiento: Oion.

Residencia: Vitoria.

Edad: 42 años.

Profesión: Es licenciado en Ciencias Químicas y propietario de una academia de enseñanza.

Peculiaridad: Coleccionista de tebeos, los más antiguos datan de los años veinte. Tiene más de 2.000.

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Pedro Palacios aprendió a leer con los tebeos de la época, allá por finales de los sesenta. Nació en Oion y para cuando se trasladó a la capital alavesa, con siete añitos, ya se había metido entre las cejas decenas de ejemplares de Pumby y Jaimito, a pesar de que la distribución en los pueblos dificultaba la tarea de comprarlos.

Siguió devorando viñetas -«cuando vine a Vitoria los chavales decían 'me voy a comprar un chiste' y yo no sabía lo que eran»- hasta la pubertad. Entonces ya incorporó las historietas que editaba Bruguera, con Mortadelo como referencia ineludible, El Capitán Trueno, Hazañas Bélicas... Su filia por los tebeos -no los llama comics- le hizo coleccionista. Y a pesar de los 'accidentes domésticos', no cejó en el empeño.

«De crío leía todo y lo guardaba, pero con los cambios de casa todo fue a la basura. Hace diez o doce años salieron colecciones y volví a comprar». Pedro calcula que en su hogar tiene entre 2.000 y 2.500 comics, algunos catalogados, otros en cajas y, ante la falta de espacio, una parte importante del material reposa en el camarote. Puesto a girar un poco más la tuerca, se especializó en «almanaques y extras», esas ediciones que salían en busca de lectores en fechas especiales o por motivos concretos.

Por supuesto, Pedro fue uno de tantos niños que frecuentó la plaza de España para intercambiar ejemplares y cromos, otra de sus pasiones. Pero lamenta que Vitoria no sea un terreno abonado para su gusto. «Aquí es muy difícil completar colecciones. No sé si no interesa el mundo del tebeo, pero no hay afición. Esto ya no puede remontar, son reliquias». Como para tantas otras cosas ha descubierto en Internet un reducto de 'chiflados' que se intercambian materiales.

Este químico de 42 años que imparte enseñanza en su propia academia dispone de algunas joyas del género. Por ejemplo, algún TBO -la publicación que ha dado nombre al género- de los años veinte o Pulgarcitos de los treinta. «Los primeros números eran cuatro hojas que se vendían a cinco o diez céntimos». No se le escapan las fechas, habilidad sólo comparable a la que él mismo posee para fijar caras en la memoria. Así, recuerda que la revista Mortadelo del sin par Ibáñez nació en 1971 o que este año se cumple el cincuentenario del Capitán Trueno.

Nostalgia

Pedro comprende que los tiempos cambian y tampoco se aferra a las presuntas bondades del pasado, pero sí admite la nostalgia de aquel gusto por la lectura que ahora suple la tecnología. «Antes aprendíamos a leer con los tebeos y eso que han estado muy mal considerados, tenían una estima bajísima. Ahora nuestros hijos juegan con la Game Boy».

Aún recuerda una tarde de sábado en la capital alavesa. Un fraile del colegio les invitó a llevar lectura y Pedro apareció con lo suyo. «Me rompió un Zipi Zape porque no sólo es que no lo considerase lectura, sino que le parecía perjudicial». Han surgido los gemelos -moreno y rubio- y el protagonista se lamenta de que mucha gente desconoce que el autor, Escobar, ya ha fallecido.

No le agrada establecer preferencias, pero admite la maestría de Ibáñez, creador de Mortadelo, Pepe Gotera, el botones Sacarino o 13 Rue del Percebe. Y refresca la anécdota de que en un Mortadelo, un avión se estrellaba contra las Torres Gemelas años antes de 2001. «Dio que hablar».

 
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