Comienza la cuenta atrás para la piscina cubierta de Mendizorroza, que será derribada y sustituida por un moderno edificio deportivo con nuevas piletas, gimnasios, vestuarios y sauna. Los operarios de la empresa encargada de demoler el edificio iniciarán hoy los trabajos previos, que consistirán en habilitar un cordón de seguridad alrededor del bloque situado junto a la entrada del recinto municipal. Tras este primer paso, la firma vizcaína Excavaciones Baranda espera comenzar a derruir el inmueble «en el plazo de una semana», explicó el responsable de la operación, Ángel Román. Según calculó, el lugar en el que han nadado miles de vitorianos durante varias décadas quedará «como un solar» en el plazo de un mes.
Antes de ese momento, los trabajadores realizarán nuevas intervenciones previas a la llegada de las excavadoras. La principal actuación será entrar en la piscina cubierta y extraer todo el material reciclable o apto de volver a ser aprovechado. «Sacaremos las maderas, los plásticos o el papel para que no se queden debajo de las montañas de hormigón. Así evitaremos que al final todo acabe en el vertedero de Gardélegui», detalló Román.
La demolición, cuyo inicio estaba previsto para esta misma semana, está pendiente de que Iberdrola finalice el traslado de un transformador eléctrico situado junto a la piscina cubierta. La instalación da servicio al propio recinto deportivo y a varias viviendas cercanas. Los técnicos esperan que ese trabajo esté finalizado «dentro de una semana».
'Morder' el hormigón
Entonces llegará el turno de las excavadoras. La labor de derribo se realizará con cuatro máquinas, aunque una de ellas destacará por sus elevadas dimensiones, lo que le permitirá protagonizar gran parte del derribo. La empresa vizcaína desplazará a Vitoria un vehículo Liebherr R-944, capaz de destrozar cualquier edificio que esté a una altura máxima de 24 metros.
Esta máquina 'morderá' el vetusto bloque deportivo de manera progresiva, rebajando su altura y convirtiéndolo en escombros. Por un lado, su grúa posee un brazo demoledor que rompe el hormigón. Al mismo tiempo, el aparato cuenta con una cizalla, una especie de guillotina capaz de cortar metales.
El Ayuntamiento ha invertido 192.077 euros en el derribo de la piscina cubierta, cerrada desde el 11 de agosto.