Domingo, 29 de octubre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

ÁLAVA
Colección extra brut
Alberto Ascasso guarda en su domicilio más de un millar de placas de cava, entre ellas la de una de las botellas que se sirvieron en la boda de los Príncipes
Colección extra brut
Alberto Ascasso oberva una parte de su colección. / JOSÉ MONTES
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Nombre: Alberto Ascasso.

Profesión: Delineante. Trabaja como jefe de estudio en una empresa de ingeniería y arquitectura.

Nació en: Vitoria, en 1960.

Curiosidad: colecciona placas de cava. En ocho años ha llegado a acumular más de un millar.

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No se considera un coleccionista al uso, sino más bien un «guardador», que viene a ser lo mismo pero sin ese matiz de veneración acérrima al objeto de culto en cuestión que, en su caso, tiene forma de chapa. O de placa, que es como se llaman técnicamente las pequeñas piezas que coronan el corcho de las botellas de cava y que Alberto Ascasso (Vitoria, 1960) colecciona desde hace casi una década.

Todo comenzó por casualidad. Ocurrió un día en que Alberto visitó la tienda de Maximino Pérez, en la calle Postas. En el 'office' colgaba un cuadro hecho con estas pequeñas piezas que le llamó poderosamente la atención. Tanto, que hoy Alberto podría 'empapelar' su casa con decenas de marcos como aquel que presidía el comercio de Maximino.

Sin embargo, este delineante de 46 años ha preferido dar otro aire a las más de mil chapas que ha llegado a acumular desde aquel día. Minuciosamente catalogadas, Alberto Ascasso las guarda con celo en unos estuches especiales que adquiere en un comercio especializado en numismática y filatelia. Relucientes y vistosas, a simple vista parecen bombones. «No sigo un criterio fijo a la hora de ordenarlas pero, en general, las coloco por casas», explica.

Entre la primera placa con la que se hizo -una «normal» de Codorniu extra brut- y su última adquisición -una roja de Sabat- la variedad de chapas es inmensa. Las hay con dibujos de motocicletas o de tractores, con motivos musicales y medievales y hasta de la realeza. Y es que, Alberto puede presumir de tener en su haber la placa de una de las botellas de cava que se sirvieron en la mismísima boda de los Príncipes de Asturias: un 'Freixenet Reserva Real' elaborado en Sant Sadurní D' Anoia. ¿Que cómo la consiguió? «A mí me la regaló un amigo, pero ignoro cómo llegó a sus manos», responde discreto.

Ahora bien, a pesar del valor de este pequeño tesoro, «la joya» de su corona es otra. «Las más valiosas son seis placas de plata que conservo en un estuche especial», desvela. ¿Y las más difíciles de conseguir? «Las más antiguas. Hacerse con ellas es el gran reto», admite.

Pero, ¿y el resto? ¿Cuántas botellas ha tenido que descorchar Alberto para que, a día de hoy, su colección supere el millar de piezas? «En total -asegura- no habré bebido más de dos o tres botellas». Sencillamente, «porque el cava no me gusta. Yo soy de vino».

Con este hándicap, a Alberto no le ha quedado más remedio que echar mano de sus amigos y conocidos, que se han convertido en sus principales proveedores. Ahora bien, aunque a simple vista la tarea de recopilar placas de cava pueda parecer complicada, Alberto asegura que no lo es tanto. «Los productores se han dado cuenta de que esto mueve mucho dinero y todos los años editan placas nuevas», expone.

-Pero, ¿tienen alguna función?

-Evitar que el corcho salga despedido. Antes de sujetaban con cuerdas y, ahora, con el alambre o morrión.

Como ahora, también, son carne de coleccionista. No tirar.

 
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