José Zabala (Vitoria, 1974) está contento. Y tiene sentido. Su estudio barcelonés, Ubqu, que comparte con el aparejador alavés Fernando Benguria y Raimon Camps, se encargará de regenerar la 'zona cero' de El Carmel, el barrio barcelonés que quedó herido de muerte en junio de 2005 debido a las obras de ampliación del metro. Mientras saborea el dulzor del primer concurso ganado, el joven arquitecto y aparejador da un repaso a una ciudad de la que se marchó hace trece años, pero a la que siempre acaba volviendo.
-¿Un arquitecto en Vitoria está condenado a vivir de las promociones de protección oficial?
-En este momento, siendo joven y con los planes urbanísticos que se están desarrollando, es complicado hacer otra cosa. Hubo un tiempo, a finales de los ochenta y principios de los noventa, en el que había más opciones. Hubo una explosión hotelera y también había más movida nocturna.
-¿Esa es la razón por la que se planteó seguir en Barcelona cuando terminó la carrera o tal vez huía de los sorteos de pisos?
-Volví a Vitoria un año y medio. Estuve trabajando en el estudio de Roberto Ercilla. Pero decidí regresar a Barcelona. Ya tengo mi vida organizada allí. Por otro lado, veo que los políticos en el País Vasco no se preocupan demasiado por la arquitectura.
-Ahora acaba de ganar todo un dulce, el concurso para reconstruir El Carmel.
-Sí. No hemos podido empezar mejor. Hicimos una buena propuesta, sensible y de claro contenido social, y ha habido suerte. Se compone de un edificio de viviendas protegidas de alquiler para jóvenes y un parque. En total, mil metros cuadrados.
-¿Vitoria tiene alguna 'zona cero' que necesita con urgencia ser recuperada?
-El mayor daño que se ha hecho a Vitoria ha sido los grandes planes de expansión de Lakua, Salburua y Zabalgana. Esas grandes avenidas decimonónicas que se han diseñado no soportan la vida comercial ni social. Son barrios dormitorio. No hacen ciudad.
-Hay quien le preocupa más la cantidad y cuestiona si habrá habitantes suficientes para ocupar tantas viviendas.
-La sensación es de exceso, como en el resto de España, que vive un 'boom' de la construcción como en ninguna otra parte del mundo. Pero, en el caso de Vitoria, hay mucha protección oficial, como en ninguna otra ciudad, y eso está muy bien. Si no, los jóvenes acabarían por irse. En Barcelona, cambio, casi no hay. Ahora acaba de salir una promoción de 140 pisos y ya hay más de 3.000 personas apuntadas.
Precios y turismo
-Un colega suyo, el alicantino Alfonso Vergara, dijo a su paso por esta ciudad que la vivienda en Vitoria es cara «porque lo es en todas las ciudades atractivas». ¿Le convence la explicación?
-Bueno, yo creo que en Vitoria ha habido una política de contención del suelo por parte de anteriores ayuntamientos. El encarecimiento del suelo no se ha producido ahora, que empieza a haber pisos de protección oficial. Al contrario. El crecimiento está siendo más sostenido. Pero eso no quita para que Vitoria no sea atractiva, que lo es. De hecho, nunca ha recibido tantos turistas como ahora.
-Entretanto, cada vez más ciudadanos se quejan de las deficiencias que encuentran en los pisos nuevos (protegidos y libres), como humedades, pavimentos que se levantan o placas que se caen. ¿Se construye a la ligera o se diseña a lo grande?
-Bueno, eso depende de la promoción, del diseño, de la parcela... A veces te encuentras con algunos solares en esquina o con unas dimensiones en las que resulta difícil proyectar. En Vitoria hay promociones que están bien -como las cuatro torres de estructura metálica de Salburua, de Ábalos y Herreros- y otras que son un desastre. Desde el punto de vista arquitectónico, el nivel es flojo. Para mi, la 'zona cero' de Vitoria es el urbanismo reciente, la forma y la velocidad a la que se ha hecho ciudad. Es despreocupado, como proyectado con ligereza. No atiende a las necesidades de los ciudadanos.
-Hay quien ve la plaza de la Virgen Blanca con su monumento central como la auténtica 'zona cero'.
-Me da la sensación de que la gente está contenta con cómo está y no quiere hacer nada. Es cierto que las ciudades deben rehacerse, no se pueden estancar, pero yo no veo aquí un punto problemático. Si Vitoria careciera de espacio público, podría plantearse una plaza más actual. Pero no es el caso. Además, tiene su valor simbólico. Incluido el monumento.
-Recientemente se ha estrenado la nueva plaza de toros. ¿Ha tenido ocasión de verla?
-Sólo por fuera. Creo que le van a poner una cubierta retráctil ¿no? Eso está bien porque se le podrá dar más usos.
-Meses antes, se cerraba con candado el camino para levantar en La Senda el palacio de la música de Navarro Baldeweg. ¿Tuvo oportunidad de conocer el proyecto?
-Sí, y me parece bueno. Navarro Baldeweg es un especialista en auditorios. Seguro que iba a ser estupendo. Y La Senda es un lugar perfecto.
-Frente al plan del PP, el PNV y el PSE proponían construir esa infraestructura en Lakua. ¿No lo ve allí?
-¿En un barrio residencial y cerca de un macrocentro comercial? No. Pero bueno, ya no hay proyecto ¿no? No entiendo por qué a los políticos de Vitoria no les interesa hacer un buen auditorio.
El «lirismo» de Gehry
-¿Qué va a aportar el tranvía que ya se abre paso en la ciudad?
-Bueno, va a conectar la periferia con el centro. Técnicamente, creo que va a ser muy problemático cuando llegue a Lovaina, Magdalena y General Álava. Las calles no tienen sección suficiente. El trazado lógico sería por la periferia del centro.
-¿Está cuestionando su utilidad?
-Será igual de útil que el urbano. Es más agradable, silencioso y limpio, pero no va aportar nada más que el autobús. No sé, a mi me parece que hay proyectos más interesantes. Si es cuestión de imagen de ciudad, a Vitoria le vendría mejor un auditorio de calidad que el tranvía. Pero me da la sensación de que los políticos no saben lo que es bueno para la ciudad. Yo creo que hay que intervenir menos y hacerlo mejor.
-Imagino que se habrá dejado caer por Elciego para admirar el hotel-bodega que Frank O. Gehry ha diseñado para Marqués de Riscal.
-Iré el viernes (por anteayer). Por lo que tengo visto, es uno de esos edificios líricos e interesantes de Gehry. Está muy bien.