Arrastrado el toro al corral, los tendidos se pronuncian a viva voz o con palmas. También para el caso de la enésima obra en el centro de Vitoria, la que ayer cerró al tráfico el último tramo de Olaguíbel, entre José Mardones y la Avenida de Judimendi. Los repartidores, asediados a zanjas por todos los lados, y los taxistas estiran su virtud de la resignación. Otros, como propietarios de bares o dueños de comercios, aplauden la nueva estética de la calle, que ha recuperado el perdido tránsito de peatones.
José Luis es uno de los damnificados por las obras en la capital alavesa. Aprovisionar de cajas y barriles de cerveza a los bares se está convirtiendo en una carrera de obstáculos. El pequeño tramo de Olaguíbel ayer no era sino una valla más. «Es es una vergüenza, especialmente esta zona», y señala el final de la vía, en la esquina con Judimendi.
«Es la segunda vez que la levantan en dos meses, no sé si es que pusieron mal el pavimento o qué es, pero andar por aquí es un suplicio», añade José Luis. Acaba de proveer a un establecimiento de la esquina después de que le dejaran cruzar para su trabajo el letrero de 'Prohibido, excepto vecinos y garaje'. La maniobra que debe efectuar para marcharse es una 'gymkana' de pericia al volante.
José María, «el de la bodeguilla» Lanciego, cree que mejorar las vías requiere obras y éstas, «paciencia». «Si queremos que nos dejen la calle bien hay que aguantar». Considera que la labor anterior en ese tramo ha mejorado la calidad de vida y los negocios de la zona. «Ahora, con la reducción de la calzada y más anchura en las aceras está mucho mejor para el paso de la gente». José María recuerda que «aquí han tenido que cerrar negocios a renta porque no pasaba el personal». Eso sí, admite que levantar dos veces en poco tiempo las baldosas de Judimendi «es un gasto innecesario».
En Radio Taxi destacaban ayer los inconvenientes de un nuevo cierre, que repercute en la celeridad con la que llegan los vehículos a los clientes. «Si no hay coches en la parada de Arana y los que están en la de Olaguíbel no pueden subir, tienen que acceder por la calle Logroño. Es un follón monumental, un engorro».